Este espacio está pensado para compartir las vivencias de nuestra pasión, el kayak de travesía en nuestra querida Isla Tierra del Fuego
sábado, 26 de febrero de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
Lo que un foráneo vino a buscar a Tierra del Fuego
Nuestro hogar no sólo tuvo aroma a te inglés en este verano, también estuvo presente la singular peperina cordobesa de la mano de nuestro amigo el profe Carlos Nieto quien nos deleitó con su visita por Tierra del Fuego, aquí le presentamos un video de esta gran persona disfrutando como no podría ser de otra manera del kayak y el mar fueguino, Gracias Carlos por tu visita.
martes, 22 de febrero de 2011
Friends / Amigos
“Marcelo & Mónica” bajo el título de logística y soporte de la expedición de Justine Curgenven, raro era vernos en ese plano, solo queríamos hacerle la gauchada a ese personaje del kayakismo internacional, esa marca registrada en el mundo del kayak llamada JUSTINE y “alguien” más que venía con ella a nuestra querida isla.
Es así que gestionamos permisos y dimos a conocer oficialmente su expedición ante Prefectura, esto era sólo una cuestión de trámites y cumplir con requisitos.
El segundo paso sería recibirlos en Río Grande, tenerlos como máximo dos días en casa y después estar atento por las dudas si necesitaran algo.
Pero no, el destino tenía preparado otra cosa totalmente diferente, no llegamos a ver lo que habíamos imaginado; dos kayakistas de elite en plena expedición pasando por Río Grande en un abrir y cerrar de ojos.
Es aquí la mejor parte para nosotros, más allá de que toda su estadía en nuestra ciudad para ellos haya sido forzada, la vivieron de una manera muy agradable al punto de llegar a conocernos y apreciarlos como verdaderos amigos.
JUSTINE CURGENVEN, se transformó en la jastine y el compañero era ni más ni menos que Barry, el personaje que se robó la película y el corazón de todos; con el tiempo el kayak no fue el primer y único tema de conversación, pudimos conocer sus vidas y su cultura de una forma muy agradable y divertida, riéndonos unos y otros fuimos aprendiendo día a día cada cosa en particular de los que convivimos estos casi 30 días.
A pesar de que tuvieron momentos y decisiones duras y nos vimos envueltos en ellos, pudimos manejar la situación dando el espacio para cada momento, todavía me duele la imagen de cuando los fuimos a buscar a Punta María, sabiendo que ese era el fin del viaje, ellos nos miraban con la mejor cara tratando de minimizar esa amargura que seguramente los comía por dentro, ayer pasé por el mismo lugar y no tuve la mejor impresión.
Pero como pronto estarán por aca esto sólo quedará como una anécdota, lo que aquí importa y resalto es que conocimos dos personas excepcionales, ella hace las mejores tortas de limón y el… bueno sus galletas no eran tan malas pero es el individuo que hace brillar momentos opacos, se nota sus buenos sentimientos con cada gesto que tuvo.
No voy hablar de los kayakistas porque para eso están las revistas y videos, hablo de las personas que recibimos en casa, los británicos que cargamos con “la mano de Dios” y con quienes hablamos entre tantas cosas del conflicto entre ambas naciones y como vivimos un guerra absurda, simplemente hablo de Justine y Barry unos amigos que conocimos gracias al kayak !
Marcelo
jueves, 17 de febrero de 2011
UNA TIERRA FRIA EN CONTEXTO Y LLENA DE FUEGO POR DENTRO
El indígena no esperaba el avance e ingreso de las naves extranjeras que empezaron a surcar estas aguas por los años 1500 al 1600. Sumido en su naturaleza fueguina no llegaba a comprender del todo por qué ocurría lo que veían sus ojos. Sin embargo, siempre se prestaba a establecer contacto. A compartir a su manera. Hacer intercambio. Disfrutar las diferencias.
En una tierra de por sí hostil y difícil. Se propiciaban encuentros de todo tipo. Entre seres extraños y de diferentes culturas. Totalmente desconocidos uno para el otro.
Ha pasado mucho el tiempo, han cambiado algunas cosas. Algunos ya no están y otros presenciamos nuevos viajes, nuevos ingresos.
La tierra de la aventura, tan predominantemente salvaje como para esquivar la tecnología del nuevo milenio. Aún parece tener la última palabra en sus dominios. Y es más que nunca caprichosamente adictiva.
Aún recibe visitantes en busca de horizontes nuevos. Aún el hombre sueña con decodificar su hostilidad para definirla aún más o definirse a sí mismo.
Seducido irremediablemente por su salvajismo y su naturaleza áspera. Busca ser sacudido y maltratado por esta tierra de característica no hospitalaria.
La soledad de sus áreas más remotas e inexploradas. La crudeza de su extrema humedad o el sufrimiento de los vientos implacables de la estepa oriental.
Soledad. Aislamiento. Frío. Pérdida del control ejercido. Castigo. Lucha. Estoicismo. Paciencia. Aventura.
Aventura en todo su sentido y naturaleza.
Los nuevos visitantes me hacen sentir nuevamente en un viaje al pasado. Me ayudan a reflexionar.
Nuevamente no todo es tan diferente. Aunque pudiera parecerlo.
Antes eran canoas de corteza de coihue. Hoy son kayaks de fibra estilizados, rápidos, perfectas máquinas de la navegación en el mar.
Antes estaban semi desnudos y atrasados en lo que se entendía como el adelanto tecnológico. Hoy son navegantes de elite, ciudadanos de un mundo diferente en miles de aspectos al nuestro.
No esperábamos que comenzaran a venir seducidos por nuestra tierra cruda y áspera. Y han conectado con ella. La han elegido para medirse y descubrirla.
Como en el pasado.
Tal vez sea una misma energía la que domina los destinos del fueguino y el extranjero. Tal vez todo finalmente sea una misma cosa.
Se puede compartir. A través de los intereses en común, como la isla y el kayak. Y a través de las diferencias también.
La diversidad de Tierra del Fuego sin duda admite tal diversidad humana. Podemos convivir en esa diversidad sin otro motivo que el de socializar como en el pasado pues todos entendemos que somos lo mismo. La misma esencia.
En este caso tal vez la excusa fuera el Kayak.
Tal vez sea el mágico balance de este lugar, la crudeza de su lado geográfico y un calor que yace dentro esperando ser descubierto.
Moni
En una tierra de por sí hostil y difícil. Se propiciaban encuentros de todo tipo. Entre seres extraños y de diferentes culturas. Totalmente desconocidos uno para el otro.
Ha pasado mucho el tiempo, han cambiado algunas cosas. Algunos ya no están y otros presenciamos nuevos viajes, nuevos ingresos.
La tierra de la aventura, tan predominantemente salvaje como para esquivar la tecnología del nuevo milenio. Aún parece tener la última palabra en sus dominios. Y es más que nunca caprichosamente adictiva.
Aún recibe visitantes en busca de horizontes nuevos. Aún el hombre sueña con decodificar su hostilidad para definirla aún más o definirse a sí mismo.
Seducido irremediablemente por su salvajismo y su naturaleza áspera. Busca ser sacudido y maltratado por esta tierra de característica no hospitalaria.
La soledad de sus áreas más remotas e inexploradas. La crudeza de su extrema humedad o el sufrimiento de los vientos implacables de la estepa oriental.
Soledad. Aislamiento. Frío. Pérdida del control ejercido. Castigo. Lucha. Estoicismo. Paciencia. Aventura.
Aventura en todo su sentido y naturaleza.
Los nuevos visitantes me hacen sentir nuevamente en un viaje al pasado. Me ayudan a reflexionar.
Nuevamente no todo es tan diferente. Aunque pudiera parecerlo.
Antes eran canoas de corteza de coihue. Hoy son kayaks de fibra estilizados, rápidos, perfectas máquinas de la navegación en el mar.
Antes estaban semi desnudos y atrasados en lo que se entendía como el adelanto tecnológico. Hoy son navegantes de elite, ciudadanos de un mundo diferente en miles de aspectos al nuestro.
No esperábamos que comenzaran a venir seducidos por nuestra tierra cruda y áspera. Y han conectado con ella. La han elegido para medirse y descubrirla.
Como en el pasado.
Tal vez sea una misma energía la que domina los destinos del fueguino y el extranjero. Tal vez todo finalmente sea una misma cosa.
Se puede compartir. A través de los intereses en común, como la isla y el kayak. Y a través de las diferencias también.
La diversidad de Tierra del Fuego sin duda admite tal diversidad humana. Podemos convivir en esa diversidad sin otro motivo que el de socializar como en el pasado pues todos entendemos que somos lo mismo. La misma esencia.
En este caso tal vez la excusa fuera el Kayak.
Tal vez sea el mágico balance de este lugar, la crudeza de su lado geográfico y un calor que yace dentro esperando ser descubierto.
Moni
lunes, 17 de enero de 2011
Una conexión única
Cómo describir la partida del primer kayak… Silencio.
La nostalgia sostenida, apretada mientras mi compañero se iba a Ushuaia en un día típico muy ventoso en Río Grande, que lo hacía todo más dramático, cuando apenas me atreví a mirarlo de reojo por la ventana hasta que su popa desapareció.
Silencio autoimpuesto. Por largos días, más de un mes.
Un silencio que terminó por quebrarme con el arribo del nuevo bote, la vedette: el SDK Aoniken azul que descansa en mi cocina, intacto, perfecto, a estrenar…
Fue como si la apertura de una nueva etapa trajera simultáneamente el entierro de lo pasado.
El paso evitado y autoimpuesto.
Lo que me aqueja, lo que siento, no es del todo extraño. Más de una vez he leído cómo algún colega llora la partida de su compañero. Y trata de poner en palabras un sentimiento indescriptible.
Porque.. cómo se define la relación con un objeto inanimado, una embarcación.
Qué la hace tan especial, tan de adentro.?
La historia compartida de navegación. Los momentos, derroteros, circunstancias, condiciones?
No me atrevería siquiera a banalizar esta relación porque muy en mi interior lo que sobreviene es algo más profundo.
En mi caso, no se trata de travesías con el Avatar. Ni kilómetros recorridos. Marcas.
No se resume simplemente a recorridas deportivas. El río que bajé , cuántas horas remé, cuántas veces volqué.
Lo que logré y lo que no sorteé.
No se trata de mí. Se trata del AVATAR.
Se trata del bote que me llevó.
Sólo al darme cuenta del criterio que aplico hoy para la elección del nuevo kayak, puedo ver y entender quién fui y saber quién me acompañó. Quién cargó conmigo…
Siempre se habla de los kayaks en términos de características y prestaciones. Estabilidad primaria, secundaria. Capacidad de mantener el rumbo. Peso. Capacidad de carga. Maniobrabilidad. Velocidad. Comportamiento en oleaje.
Se habla de la embarcación. Del objeto “inanimado”.
En Ushuaia descansa, a la espera de nuevas navegaciones en el Canal Beagle, el Atlántico, Pacífico tal vez… MI COMPAÑERO, el bote que fue mi GRAN MAESTRO.
El kayak que tuvo la gran virtud y habilidad de transmitirme la confianza necesaria para adentrarme en la actividad y me llevó siempre por sus caminos, en esta isla y sus especiales características, cuna del sacrificio muchas veces no buscado pero saboreado.
Esa es la capacidad de la que yo hablaría.
La maniobrabilidad y estabilidad necesarias para cargar con un remero recién iniciado que se sienta por primera vez tenso por el sólo hecho de probar algo nuevo, con fama de llevarlo encerrado en una cascarita endeble.
La estabilidad óptima para hacerlo ingresar en el agua fría de Tierra del Fuego en toda época, con la conciencia de la experiencia nula y el permanente temor al vuelco, pero transmitiendo siempre una sensación amena debajo que hace al aprendiz tímidamente querer ir un poco más allá, en un acto de arrojo o de fascinación por las sensaciones ... que provee una actividad especial como el kayak, por el sólo hecho de llevarte a un mundo visual y auditivamente PARALELO y UNICO.
Ese aprendiz va a conectar con ese compañero necesariamente de manera especial, por el regalo sin par que éste siempre le va a hacer, sin pedir nada a cambio.
La experiencia de llevarlo gentil y tranquilamente, a la vía, el camino sin escalas de conexión con su ser interior, quién es en sus límites y con el mundo de la creación, el contacto que relaja, lo lleva a hacer las paces consigo mismo, le muestra espontáneamente la esencia de la vida y del ser en un acto tan simple.
El aprendiz va a posar su ser y toda su confianza en este compañero, que aún cuando lo sabe desconcertado y tenso por un nuevo contacto en la experiencia, lo va a esperar, va a perdonar, la tensión transmitida sin equívoco, por esa ráfaga repentina, que afortunadamente vino de frente, y transmitió un efecto visual en el agua, que el remero intentará descifrar, aprender a decodificar, para dejar de temer y saborear mas allá la sensación de haber traspasado una puerta más en su propio límite.
Una nueva onda en el mar, leve como para mecerte o marcada como para inquietarte hasta que te acostumbres a ella. Por como quiera que sea, el compañero estará debajo copiando armónicamente esa interacción y te dará el impasse necesario y justo donde el tiempo se detendrá, hasta salir nuevamente de abajo en algo a todas luces positivo, un límite más...
Y la historia se va a ir construyendo palmo a palmo, para ese hombre y ese bote.
Y los de afuera pensarán que es pericia del “kayakista”, capacidad de equilibrio, aptitud deportiva, rusticidad, resistencia necesaria.
Cuando hoy sólo puedo ver la habilidad del kayak por encima del kayakista.
Muy dentro será una relación única, de confianza total, lealtad, entrega, amor y compañerismo.
Una relación de humildad, de asumir que no sólo transmitió sensación de estabilidad sino que por su misma capacidad de ser estable “recuperó” miles de veces a la kayakista estresada y la transportó a una navegación segura lejos del vuelco, cuando la mente, el temple y la resistencia ya no estaban presentes y la caída al agua hubiera sido el camino lógico.
Una ecuación parecida al PERDON.
Una conexión espiritual profunda, un intercambio de energías en un ambiente muy genuino, donde no existen falsos egos ni discursos. Sólo un encuentro intensísimo con el medio natural, y nosotros dos.
Una conversación muy íntima en medio del miedo, estrés, la garra, la pasión, la euforia, la fascinación…
En los momentos más increíbles y especiales para el alma, tuve un mudo testigo, que compartió el despliegue de energía poderosa natural.
Cuando las condiciones se tornaron extremas para mí, nunca estuve sola. Hubo una conversación hasta verbal por momentos, a la recurrí para controlar mi temor, mi ansiedad, como hablando con el espíritu de mi bote, en quien yo descansaba sin reparos para sentirme segura y buscar saborear más el momento único de navegación, del que saldrían cosas trascendentes.
El bote fue ese gran sostén y compañero de lucha, en el que me apoyé para fortalecer mi psiquis atacada, fue el puerto inamovible y seguro en el que siempre me afirmé, su estabilidad y su capacidad de navegar óptimamente y no estar siquiera cerca de zozobrar dieron con la respuesta a mil preguntas y con el resultado una vez más.
Y se convirtió en la gran catapulta para lanzarme a nuevas experiencias, aguas para mí más desafiantes.
Sólo porque me hizo sentir segura. Las respuestas difícilmente hubieran salido de mí, sin esta poderosa ecuación: el Avatar y yo.
Este camino, me definió, me hizo sentirme kayakista.
Mi historia fue la que fue por el kayak que me llevó siempre.
En ese sentido no habrá un bote como ese. Será siempre único.
La nostalgia sostenida, apretada mientras mi compañero se iba a Ushuaia en un día típico muy ventoso en Río Grande, que lo hacía todo más dramático, cuando apenas me atreví a mirarlo de reojo por la ventana hasta que su popa desapareció.
Silencio autoimpuesto. Por largos días, más de un mes.
Un silencio que terminó por quebrarme con el arribo del nuevo bote, la vedette: el SDK Aoniken azul que descansa en mi cocina, intacto, perfecto, a estrenar…
Fue como si la apertura de una nueva etapa trajera simultáneamente el entierro de lo pasado.
El paso evitado y autoimpuesto.
Lo que me aqueja, lo que siento, no es del todo extraño. Más de una vez he leído cómo algún colega llora la partida de su compañero. Y trata de poner en palabras un sentimiento indescriptible.
Porque.. cómo se define la relación con un objeto inanimado, una embarcación.
Qué la hace tan especial, tan de adentro.?
No me atrevería siquiera a banalizar esta relación porque muy en mi interior lo que sobreviene es algo más profundo.
En mi caso, no se trata de travesías con el Avatar. Ni kilómetros recorridos. Marcas.
No se resume simplemente a recorridas deportivas. El río que bajé , cuántas horas remé, cuántas veces volqué.
Lo que logré y lo que no sorteé.
No se trata de mí. Se trata del AVATAR.
Se trata del bote que me llevó.
Sólo al darme cuenta del criterio que aplico hoy para la elección del nuevo kayak, puedo ver y entender quién fui y saber quién me acompañó. Quién cargó conmigo…
Siempre se habla de los kayaks en términos de características y prestaciones. Estabilidad primaria, secundaria. Capacidad de mantener el rumbo. Peso. Capacidad de carga. Maniobrabilidad. Velocidad. Comportamiento en oleaje.
Se habla de la embarcación. Del objeto “inanimado”.
En Ushuaia descansa, a la espera de nuevas navegaciones en el Canal Beagle, el Atlántico, Pacífico tal vez… MI COMPAÑERO, el bote que fue mi GRAN MAESTRO.
El kayak que tuvo la gran virtud y habilidad de transmitirme la confianza necesaria para adentrarme en la actividad y me llevó siempre por sus caminos, en esta isla y sus especiales características, cuna del sacrificio muchas veces no buscado pero saboreado.
Esa es la capacidad de la que yo hablaría.
La maniobrabilidad y estabilidad necesarias para cargar con un remero recién iniciado que se sienta por primera vez tenso por el sólo hecho de probar algo nuevo, con fama de llevarlo encerrado en una cascarita endeble.
La estabilidad óptima para hacerlo ingresar en el agua fría de Tierra del Fuego en toda época, con la conciencia de la experiencia nula y el permanente temor al vuelco, pero transmitiendo siempre una sensación amena debajo que hace al aprendiz tímidamente querer ir un poco más allá, en un acto de arrojo o de fascinación por las sensaciones ... que provee una actividad especial como el kayak, por el sólo hecho de llevarte a un mundo visual y auditivamente PARALELO y UNICO.
Ese aprendiz va a conectar con ese compañero necesariamente de manera especial, por el regalo sin par que éste siempre le va a hacer, sin pedir nada a cambio.
La experiencia de llevarlo gentil y tranquilamente, a la vía, el camino sin escalas de conexión con su ser interior, quién es en sus límites y con el mundo de la creación, el contacto que relaja, lo lleva a hacer las paces consigo mismo, le muestra espontáneamente la esencia de la vida y del ser en un acto tan simple.
El aprendiz va a posar su ser y toda su confianza en este compañero, que aún cuando lo sabe desconcertado y tenso por un nuevo contacto en la experiencia, lo va a esperar, va a perdonar, la tensión transmitida sin equívoco, por esa ráfaga repentina, que afortunadamente vino de frente, y transmitió un efecto visual en el agua, que el remero intentará descifrar, aprender a decodificar, para dejar de temer y saborear mas allá la sensación de haber traspasado una puerta más en su propio límite.
Una nueva onda en el mar, leve como para mecerte o marcada como para inquietarte hasta que te acostumbres a ella. Por como quiera que sea, el compañero estará debajo copiando armónicamente esa interacción y te dará el impasse necesario y justo donde el tiempo se detendrá, hasta salir nuevamente de abajo en algo a todas luces positivo, un límite más...
Y la historia se va a ir construyendo palmo a palmo, para ese hombre y ese bote.
Y los de afuera pensarán que es pericia del “kayakista”, capacidad de equilibrio, aptitud deportiva, rusticidad, resistencia necesaria.
Cuando hoy sólo puedo ver la habilidad del kayak por encima del kayakista.
Muy dentro será una relación única, de confianza total, lealtad, entrega, amor y compañerismo.
Una relación de humildad, de asumir que no sólo transmitió sensación de estabilidad sino que por su misma capacidad de ser estable “recuperó” miles de veces a la kayakista estresada y la transportó a una navegación segura lejos del vuelco, cuando la mente, el temple y la resistencia ya no estaban presentes y la caída al agua hubiera sido el camino lógico.
Una ecuación parecida al PERDON.
Una conexión espiritual profunda, un intercambio de energías en un ambiente muy genuino, donde no existen falsos egos ni discursos. Sólo un encuentro intensísimo con el medio natural, y nosotros dos.
Una conversación muy íntima en medio del miedo, estrés, la garra, la pasión, la euforia, la fascinación…
En los momentos más increíbles y especiales para el alma, tuve un mudo testigo, que compartió el despliegue de energía poderosa natural.
Cuando las condiciones se tornaron extremas para mí, nunca estuve sola. Hubo una conversación hasta verbal por momentos, a la recurrí para controlar mi temor, mi ansiedad, como hablando con el espíritu de mi bote, en quien yo descansaba sin reparos para sentirme segura y buscar saborear más el momento único de navegación, del que saldrían cosas trascendentes.
El bote fue ese gran sostén y compañero de lucha, en el que me apoyé para fortalecer mi psiquis atacada, fue el puerto inamovible y seguro en el que siempre me afirmé, su estabilidad y su capacidad de navegar óptimamente y no estar siquiera cerca de zozobrar dieron con la respuesta a mil preguntas y con el resultado una vez más.
Y se convirtió en la gran catapulta para lanzarme a nuevas experiencias, aguas para mí más desafiantes.
Sólo porque me hizo sentir segura. Las respuestas difícilmente hubieran salido de mí, sin esta poderosa ecuación: el Avatar y yo.
Este camino, me definió, me hizo sentirme kayakista.
Mi historia fue la que fue por el kayak que me llevó siempre.
En ese sentido no habrá un bote como ese. Será siempre único.
Moni
sábado, 25 de diciembre de 2010
Los que remaron aquí
Pertenecer a una tierra, un entorno con cultura canoera, es algo muy simbólico para el kayakista. Siempre se hace presente el espíritu yámana cuando navegamos las aguas de su Onachaga (canal Beagle), al sur de nuestra isla grande,” Onaisín” (país de los onas) para ellos en el pasado.
Recuerdo una noche en Isla Uallalanush (Gable) al este de Ushuaia, mirando los contornos nocturnos, sentada al calor del fuego, el kayak en la costa, en el silencio más absoluto y perfecto, hacia el paso actualmente conocido como Mackinlay. Enfrente, a sólo minutos de navegación, Isla Wulla (Navarino-Chile).
Recuerdo sentir muy dentro de mi ser una vívida sensación de transporte en el tiempo a aquellas épocas donde el yámana utilizaba esta isla como parada y establecimiento, cuando recorría clásicamente el canal de este a oeste o viceversa, de paso a Wulaia (Canal Murray), o más al sur hacia el Cabo de Hornos…
El tiempo se detuvo y la sensación me abrazó cálidamente. Y no me sentí tan distinta ni distante de este hermano fueguino. Una misma conexión, una misma energía.
Los dos valoramos el fuego de manera crítica y esencial, luego de la navegación, para restablecer el cuerpo, el ánimo, la moral. Como preludio del sitio donde organizaremos el que hoy será nuestro okor (hogar). Ambos usamos el fuego como denominador de socialización, el momento de charlas, de distención, de impresiones, en torno a la vida y la navegación.
En la simpleza de este momento yace nuestro mundo.
Y si pudiera cargar mi pequeño fuego en el kayak como él lo hacía, en esta Tierra del Fuego que te transmite su naturaleza fría toda vez que estás sentado inmóvil por horas…, lo haría.
Y encallaría en esta costa elegida, no reparando hoy en el timón, sólo en mi bienestar corporal y anímico. Mi mundo. Pues allí comprendo que está la clave de mi supervivencia en todo sentido, como aquel que navegaba días a territorio alacaluf, en la búsqueda de su “piedra” del fuego o intercambiaba sin dudar sus objetos de más valor por este preciado material. Porque en el calor, puedo dormir tranquilo. Recuperar energías. Para volver al agua.
Porque para ambos la embarcación, al momento del contacto e interacción en el agua: LO ES TODO, nos define como navegantes. Nos hace sentir parte de algo, del TODO. Nos da sensación de completitud. En lo más simple y rústico de nuestra esencia natural. Eso somos. Así nos lanzamos a interactuar y descubrir nuevos horizontes, aquellos que son los propios.
Sobre la embarcación y en tierra los dos contemplamos en armonía el medio que nos cobija y atiende. Nuestra isla. Nuestra tierra. Y ello nos define en esencia. Eso fuimos, somos y seremos. Ese es el origen. Toda vez que un hombre se embarque y salga al agua con su bote eso será, en ello se convertirá sin restricciones ni falsas interpretaciones. Estará solo con el medio. Y esa circunstancia le acercará la verdad suprema, de quien es finalmente.
Cuando ya no está: valoramos. Cuando ya no se puede preguntar: buscamos aprender. Cuando no existe físicamente: es cuando apreciamos el cuantioso valor que antes no se ofreció.
Sólo unos pocos pudieron asistir como testigos,con marcada conciencia, al dramático final del yámana o yahgan, y de las restantes etnias en la isla. Para siempre. Inevitablemente.
Sin dejar de sentir pesar por un hecho desencadenado por otros “de su misma especie”. Un hecho significativo por su carácter de destino acelerado trágicamente por esos otros y por su peso en la historia del lugar, y del mundo también.
Se ha escrito mucho sobre nuestros hermanos yámanas. Por lo general de su pobre contextura física, de su esencia errática respecto del “orden” social. De su característica marítima. De sus costumbres.
Parece imperar en todo libro, escrito o documento una necesidad imperiosa del “hombre blanco” por descifrar el alma del indígena. Saber qué resguarda como concepto místico, su espiritualidad. Lo religioso, las creencias en lo que está más allá de lo físico.
Una necesidad de “clasificar desde el ojo de quien lo mira”, la evolución de este hombre en la escala de la humanidad, para finalmente colocar a esta gente en la repisa de escalafones de todo tipo.
Para fortuna del navegante en kayak, el yámana es un hermano del agua. Un hábil remero, del que hay mucho que aprender, más que comparar.
Un remero que navegó con destreza por miles de años unas de las aguas más duras del planeta. En la canoa de corteza de coihue o guindo de su invención. Con la que se aventuró a la zona del Cabo de Hornos, y en su pariente el Alacaluf, hacia la extremadamente castigada región del oeste, los canales fueguinos que ofrecían bellas caletas y bahías reparadas y en la contraparte, la fría extrema humedad y desolación del viento del Pacífico.
Un hombre moldeado y superado para convivir con un medio duro y hostil, toda su vida. Marcado por este contacto y por su estilo de vida. Estoico superviviente del medio fueguino. Sabio navegante, protagonista indiscutido de la navegación en el sur.
Un hombre que perseguía su sustento embarcado, emparentado desde sus primeros días de vida con las frías aguas de su tierra, a través de un “bautismo helado” que lo fortalecería y sería augurio de fortaleza física y destreza.
Un hombre con sentidos marcados a fuego desde la infancia, hábil para detectar el mínimo cambio de clima, de su región. Preciso para leer en la oscuridad los intrincados pasos entre las islas de su país. El hombre al que recurriría el “blanco” para asegurar su exitosa navegación cuando la tecnología traída de afuera, no alcanzaba, no servía, no igualaba, la destreza del “indio”… que conocía su mar como la palma de su mano.
Un hombre que se complementaba en el agua y en tierra con su compañera y padre amoroso de sus hijos. Ella navegaba, nadaba, extraía mariscos, pescaba, cargaba enseres domésticos, se encargaba de los niños.
El saltaba a tierra para establecer el fuego del que sería su campamento por días, arponeaba, cazaba guanacos cuando era posible, fabricaba herramientas, construía su embarcación, un arte cultivado por miles de años, su razón de vivir, su poderío, su herencia, su hogar…
Un ser humano que logró "sobrevivir" en Tierra del Fuego más de seis mil años, gracias a la costumbre ancestral de compartir.
Un ser alegre, vivaz. Un hombre que le encontraba sentido a la vida, tal cual era, aceptaba su existencia y su destino sin vueltas. Y era feliz en su medio.
Un remero que empujó sus límites como pocos, en su frágil canoa para ver de qué se trataba aquella tierra más allá que tendría promesas de abundancia, su misteriosa Chuanisín (Isla de los Estados).
Moni
Recuerdo una noche en Isla Uallalanush (Gable) al este de Ushuaia, mirando los contornos nocturnos, sentada al calor del fuego, el kayak en la costa, en el silencio más absoluto y perfecto, hacia el paso actualmente conocido como Mackinlay. Enfrente, a sólo minutos de navegación, Isla Wulla (Navarino-Chile).
Recuerdo sentir muy dentro de mi ser una vívida sensación de transporte en el tiempo a aquellas épocas donde el yámana utilizaba esta isla como parada y establecimiento, cuando recorría clásicamente el canal de este a oeste o viceversa, de paso a Wulaia (Canal Murray), o más al sur hacia el Cabo de Hornos…
El tiempo se detuvo y la sensación me abrazó cálidamente. Y no me sentí tan distinta ni distante de este hermano fueguino. Una misma conexión, una misma energía.
Los dos valoramos el fuego de manera crítica y esencial, luego de la navegación, para restablecer el cuerpo, el ánimo, la moral. Como preludio del sitio donde organizaremos el que hoy será nuestro okor (hogar). Ambos usamos el fuego como denominador de socialización, el momento de charlas, de distención, de impresiones, en torno a la vida y la navegación.
En la simpleza de este momento yace nuestro mundo.
Y si pudiera cargar mi pequeño fuego en el kayak como él lo hacía, en esta Tierra del Fuego que te transmite su naturaleza fría toda vez que estás sentado inmóvil por horas…, lo haría.
Y encallaría en esta costa elegida, no reparando hoy en el timón, sólo en mi bienestar corporal y anímico. Mi mundo. Pues allí comprendo que está la clave de mi supervivencia en todo sentido, como aquel que navegaba días a territorio alacaluf, en la búsqueda de su “piedra” del fuego o intercambiaba sin dudar sus objetos de más valor por este preciado material. Porque en el calor, puedo dormir tranquilo. Recuperar energías. Para volver al agua.
Porque para ambos la embarcación, al momento del contacto e interacción en el agua: LO ES TODO, nos define como navegantes. Nos hace sentir parte de algo, del TODO. Nos da sensación de completitud. En lo más simple y rústico de nuestra esencia natural. Eso somos. Así nos lanzamos a interactuar y descubrir nuevos horizontes, aquellos que son los propios.
Sobre la embarcación y en tierra los dos contemplamos en armonía el medio que nos cobija y atiende. Nuestra isla. Nuestra tierra. Y ello nos define en esencia. Eso fuimos, somos y seremos. Ese es el origen. Toda vez que un hombre se embarque y salga al agua con su bote eso será, en ello se convertirá sin restricciones ni falsas interpretaciones. Estará solo con el medio. Y esa circunstancia le acercará la verdad suprema, de quien es finalmente.
La imaginación es una herramienta increíblemente poderosa y perfecta, recurriendo a ella el ser humano no necesita más.
Y Tierra del Fuego tiene esa magia. Basta un simple intento para conectar con el pasado. El silencio, el ambiente natural poco tocado, los lugares que aún hoy en día ofician de cementerio de historias que alguna vez fueron corrientes y para algunos de nosotros tienen un valor incalculable, el capricho del paso de la historia para el hombre, que lo hace todo especial.
Cuando ya no está: valoramos. Cuando ya no se puede preguntar: buscamos aprender. Cuando no existe físicamente: es cuando apreciamos el cuantioso valor que antes no se ofreció.
Sólo unos pocos pudieron asistir como testigos,con marcada conciencia, al dramático final del yámana o yahgan, y de las restantes etnias en la isla. Para siempre. Inevitablemente.
Sin dejar de sentir pesar por un hecho desencadenado por otros “de su misma especie”. Un hecho significativo por su carácter de destino acelerado trágicamente por esos otros y por su peso en la historia del lugar, y del mundo también.
Se ha escrito mucho sobre nuestros hermanos yámanas. Por lo general de su pobre contextura física, de su esencia errática respecto del “orden” social. De su característica marítima. De sus costumbres.
Parece imperar en todo libro, escrito o documento una necesidad imperiosa del “hombre blanco” por descifrar el alma del indígena. Saber qué resguarda como concepto místico, su espiritualidad. Lo religioso, las creencias en lo que está más allá de lo físico.
Una necesidad de “clasificar desde el ojo de quien lo mira”, la evolución de este hombre en la escala de la humanidad, para finalmente colocar a esta gente en la repisa de escalafones de todo tipo.
Para fortuna del navegante en kayak, el yámana es un hermano del agua. Un hábil remero, del que hay mucho que aprender, más que comparar.
Un remero que navegó con destreza por miles de años unas de las aguas más duras del planeta. En la canoa de corteza de coihue o guindo de su invención. Con la que se aventuró a la zona del Cabo de Hornos, y en su pariente el Alacaluf, hacia la extremadamente castigada región del oeste, los canales fueguinos que ofrecían bellas caletas y bahías reparadas y en la contraparte, la fría extrema humedad y desolación del viento del Pacífico.
Un hombre moldeado y superado para convivir con un medio duro y hostil, toda su vida. Marcado por este contacto y por su estilo de vida. Estoico superviviente del medio fueguino. Sabio navegante, protagonista indiscutido de la navegación en el sur.
Un hombre que perseguía su sustento embarcado, emparentado desde sus primeros días de vida con las frías aguas de su tierra, a través de un “bautismo helado” que lo fortalecería y sería augurio de fortaleza física y destreza.
Un hombre con sentidos marcados a fuego desde la infancia, hábil para detectar el mínimo cambio de clima, de su región. Preciso para leer en la oscuridad los intrincados pasos entre las islas de su país. El hombre al que recurriría el “blanco” para asegurar su exitosa navegación cuando la tecnología traída de afuera, no alcanzaba, no servía, no igualaba, la destreza del “indio”… que conocía su mar como la palma de su mano.
Un hombre que se complementaba en el agua y en tierra con su compañera y padre amoroso de sus hijos. Ella navegaba, nadaba, extraía mariscos, pescaba, cargaba enseres domésticos, se encargaba de los niños.
El saltaba a tierra para establecer el fuego del que sería su campamento por días, arponeaba, cazaba guanacos cuando era posible, fabricaba herramientas, construía su embarcación, un arte cultivado por miles de años, su razón de vivir, su poderío, su herencia, su hogar…
Un ser humano que logró "sobrevivir" en Tierra del Fuego más de seis mil años, gracias a la costumbre ancestral de compartir.
Un ser alegre, vivaz. Un hombre que le encontraba sentido a la vida, tal cual era, aceptaba su existencia y su destino sin vueltas. Y era feliz en su medio.
Un remero que empujó sus límites como pocos, en su frágil canoa para ver de qué se trataba aquella tierra más allá que tendría promesas de abundancia, su misteriosa Chuanisín (Isla de los Estados).
Un puro en todo el sentido de la palabra.
martes, 7 de diciembre de 2010
Reflexiones desde el Cockpit "Rolar o no rolar"
“Rolar o no rolar, esa es la cuestión”. Sabés como rolar tu kayak?. Más importante, necesitás saber cómo rolar tu kayak?.
En todos mis años kayakismo e instrucción puedo decirles que hay ciertos temas que pueden llenar un salón de kayakistas con debates acalorados. Este es uno de ellos.
En los inicios del kayakismo las salidas fuera del kayak no eran una opción. El kayak no era un deporte, era una forma de vida y supervivencia. El entrenamiento empezaba cuando uno era un niño. Y digo niño, porque todo lo que he leído indica que a las mujeres no se les permitía hacer kayak. De hecho, hubo tiempos en que más aún a las mujeres no se les permitía tocar un kayak.
En el kayakismo moderno cualquiera que quiera remar tiene los medios mientras pueda comprar o pedir prestado un kayak.
El concepto del entrenamiento de por vida ya no existe porque el kayak se ha convertido en un deporte y pasatiempo. Para muchos una salida fuera del kayak no significa muerte inmediata debido a aguas frías. Los materiales nuevos y las técnicas nos han dado alternativas. Un rol no es necesario para sobrevivir como kayakista.
La habilidad de rolar le da al palista la autorecuperación más eficiente. Es la recuperación más rápida con el menor tiempo de exposición a los elementos. Un rol le puede proveer al palista más opciones. Y es también la maniobra más contra natura que hay en el kayakismo. Como mamíferos, amamos el aire. Deseamos naturalmente sacar nuestra cabeza arriba para respirar. Para rolar tradicionalmente traés tu cabeza al final. Una vez que el palista aprende a rolar a menudo dirá que no es difícil. Cuando mirás un rol llevado a cabo correctamente se ve sin esfuerzo. Sin embargo, estás dispuesto a poner el tiempo que se necesita para aprender a rolar?. Si lo estás, cuáles son tus motivos y es el mejor uso de tu tiempo?
Hago estas dos preguntas NO porque estoy en contra de enseñar el rol. Desearía que todos supieran como tener un rol confiable. Pregunto esto porque he visto mucha frustración cuando los palistas no pueden rolar y parecen perder un tiempo precioso en sólo una destreza. Tal vez algo de ese tiempo de entrenamiento debería ser dedicado a otras y más importantes destrezas.
Derek Hutchinson me dijo una vez: “ Rolar es un signo de éxito. Tener que rolar es un signo de falla”.
Si algo de ese deseo de rolar fuera gastado en maniobras/habilidades de apoyos entonces el rol puede no necesitarse. Ya que estás obligado a perder o fallar un rol más tarde o temprano cuánto tiempo has gastado en tus auto y asistidas habilidades?. Además, estás vestido para inmersión cuando terminás nadando? Trajiste un flotador de pala y una bomba de achique o pensaste que simplemente ibas a rolar?.
Una sugerencia : el libro “Eskimo Rolling” de Derek Hutchinson. El tiene muy buenas historias de muchos kayakistas famosos contando su historia del día de cuando el rol salió de la ciudad pero sin ellos.
Repito, estoy totalmente a favor del rol pero no en la negación o desatención de otras habilidades que personalmente creo son más importantes. Recomiendo perfeccionar tus habilidades/capacidades básicas (autorecuperaciones, recuperaciones asistidas y apoyos) antes de perfeccionar tu rol.
Estas habilidades son el fundamento, la base del rol y una gran reserva en caso de que el rol falle.
Creeme cuando digo que tu rol confiable va a fallar al menos una vez en tu vida.
Permítanme un momento para hablar del “rol confiable”. Defino el rol confiable o seguro como ese que se hace cuando no se espera. Si llego hasta vos para apuntarte un pájaro a la distancia y luego te vuelco cuando estás mirando ese pájaro, el rol que usás para salir arriba sería un rol seguro. Me divierte cuando uno se tiene que preparar para tirar su rol confiable ( clips para la nariz, tomar aliento, posicionarse, contar hasta tres y luego rolar)..
Traigo esto a tu atención porque mi experiencia me ha mostrado que más de la mitad de aquellos que reman en el mar no tienen un “rol confiable”.
Esta no está entendida para ser una declaración negativa. La creencia de que el resto de la comunidad kayakística puede rolar su kayak es una falacia.
He visto un montón de presión autoimpuesta en kayakistas para aprender el rol creyendo en este mito. Si la falsa creencia te impide aprender tus habilidades básicas en lugar del rol, entonces te sugiero que reconsideres tus prioridades.
Podés llevar una vida productiva como kayakista y nunca aprender o saber cómo rolar? SI!SI!SI!. Si querés aprender el rol te animo a hacerlo pero no al costo de otras habilidades. Si te tomás el tiempo para aprender a rolar buscá ayuda experimentada, hará un mundo de diferencia. Una vez que aprendas el rol, no olvides practicar tus otras maniobras/habilidades.
Wayne Horodowich
“Tenés que cometer errores para ser mejor.”
“El buen juicio se aprende de la experiencia. La experiencia se gana a partir del mal juicio.”
En todos mis años kayakismo e instrucción puedo decirles que hay ciertos temas que pueden llenar un salón de kayakistas con debates acalorados. Este es uno de ellos.
En los inicios del kayakismo las salidas fuera del kayak no eran una opción. El kayak no era un deporte, era una forma de vida y supervivencia. El entrenamiento empezaba cuando uno era un niño. Y digo niño, porque todo lo que he leído indica que a las mujeres no se les permitía hacer kayak. De hecho, hubo tiempos en que más aún a las mujeres no se les permitía tocar un kayak.
En el kayakismo moderno cualquiera que quiera remar tiene los medios mientras pueda comprar o pedir prestado un kayak.
El concepto del entrenamiento de por vida ya no existe porque el kayak se ha convertido en un deporte y pasatiempo. Para muchos una salida fuera del kayak no significa muerte inmediata debido a aguas frías. Los materiales nuevos y las técnicas nos han dado alternativas. Un rol no es necesario para sobrevivir como kayakista.
La habilidad de rolar le da al palista la autorecuperación más eficiente. Es la recuperación más rápida con el menor tiempo de exposición a los elementos. Un rol le puede proveer al palista más opciones. Y es también la maniobra más contra natura que hay en el kayakismo. Como mamíferos, amamos el aire. Deseamos naturalmente sacar nuestra cabeza arriba para respirar. Para rolar tradicionalmente traés tu cabeza al final. Una vez que el palista aprende a rolar a menudo dirá que no es difícil. Cuando mirás un rol llevado a cabo correctamente se ve sin esfuerzo. Sin embargo, estás dispuesto a poner el tiempo que se necesita para aprender a rolar?. Si lo estás, cuáles son tus motivos y es el mejor uso de tu tiempo?
Hago estas dos preguntas NO porque estoy en contra de enseñar el rol. Desearía que todos supieran como tener un rol confiable. Pregunto esto porque he visto mucha frustración cuando los palistas no pueden rolar y parecen perder un tiempo precioso en sólo una destreza. Tal vez algo de ese tiempo de entrenamiento debería ser dedicado a otras y más importantes destrezas.
Derek Hutchinson me dijo una vez: “ Rolar es un signo de éxito. Tener que rolar es un signo de falla”.
Si algo de ese deseo de rolar fuera gastado en maniobras/habilidades de apoyos entonces el rol puede no necesitarse. Ya que estás obligado a perder o fallar un rol más tarde o temprano cuánto tiempo has gastado en tus auto y asistidas habilidades?. Además, estás vestido para inmersión cuando terminás nadando? Trajiste un flotador de pala y una bomba de achique o pensaste que simplemente ibas a rolar?.
Una sugerencia : el libro “Eskimo Rolling” de Derek Hutchinson. El tiene muy buenas historias de muchos kayakistas famosos contando su historia del día de cuando el rol salió de la ciudad pero sin ellos.
Repito, estoy totalmente a favor del rol pero no en la negación o desatención de otras habilidades que personalmente creo son más importantes. Recomiendo perfeccionar tus habilidades/capacidades básicas (autorecuperaciones, recuperaciones asistidas y apoyos) antes de perfeccionar tu rol.
Estas habilidades son el fundamento, la base del rol y una gran reserva en caso de que el rol falle.
Permítanme un momento para hablar del “rol confiable”. Defino el rol confiable o seguro como ese que se hace cuando no se espera. Si llego hasta vos para apuntarte un pájaro a la distancia y luego te vuelco cuando estás mirando ese pájaro, el rol que usás para salir arriba sería un rol seguro. Me divierte cuando uno se tiene que preparar para tirar su rol confiable ( clips para la nariz, tomar aliento, posicionarse, contar hasta tres y luego rolar)..
Traigo esto a tu atención porque mi experiencia me ha mostrado que más de la mitad de aquellos que reman en el mar no tienen un “rol confiable”.
Esta no está entendida para ser una declaración negativa. La creencia de que el resto de la comunidad kayakística puede rolar su kayak es una falacia.
He visto un montón de presión autoimpuesta en kayakistas para aprender el rol creyendo en este mito. Si la falsa creencia te impide aprender tus habilidades básicas en lugar del rol, entonces te sugiero que reconsideres tus prioridades.
Podés llevar una vida productiva como kayakista y nunca aprender o saber cómo rolar? SI!SI!SI!. Si querés aprender el rol te animo a hacerlo pero no al costo de otras habilidades. Si te tomás el tiempo para aprender a rolar buscá ayuda experimentada, hará un mundo de diferencia. Una vez que aprendas el rol, no olvides practicar tus otras maniobras/habilidades.
Wayne Horodowich
“Tenés que cometer errores para ser mejor.”
“El buen juicio se aprende de la experiencia. La experiencia se gana a partir del mal juicio.”
lunes, 29 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
El explorador de estos tiempos
Qué es un verdadero expedicionario? O qué lo hace ser?
Definir al aventurero que concreta su sueño, siempre me inquietó. Me pregunté hace tiempo de qué aspectos estaría compuesto, cuál sería el elemento definitorio, común, esencial a este hombre hoy…
El hombre que se destaca sólo por proponerse y ejecutar. Grandes empresas. Sueños y anhelos de muchos.
El hombre que provoca admiración.
Qué admira la gente de él? Admira sus logros.
Sus ambiciones pueden ser las mismas que las del resto. Pero sus grandes empresas pueden tener la magnitud de plasmarse en lo escrito y en lo visual. Adquiriendo para siempre, el cariz de algo público.
Una experiencia tan solitaria y personal.
Qué hace a este hombre ser tan diferente de los demás? Lo es realmente.?
Existe esta raza de hombres que están destinados a hacer cosas diferentes o estos desafíos están esperándonos a todos, listos para su ejecución?
La gran empresa hace grande al explorador? Al hombre?
Han sido preguntas que me he formulado desde hace tiempo. Desde que comencé a leer historias, crónicas, antiguas y actuales.
Afortunadamente el camino me fue llevando. Cuando se busca saber, comienza una suerte de navegación a tientas, dentro de lo que uno cree que puede ser de cierta manera. En algún punto del recorrido la verdad comienza a mostrar su verdadera cara.
De manera insospechada.
Cuando se puede saltar de las páginas de los relatos a las palabras comunes. Cuando se puede palpar a la persona, en cada gesto, mirada, expresión, tono…
Cuando es posible traspasar el portal de la experiencia por sí misma. Para empezar a hablar de ella, desde el costado más humano que se pueda imaginar. Lo que, según creo, tiene que ver directamente con la esencia de esa vivencia.
Cuando se puede hablar de la remada y el campamento sin hablar de la expedición realizada.
Cuando ocurre el milagro.
Se corre el velo.
Y aparece el hombre.
De carne y hueso. Que tuvo un sueño. Y era tan fuerte y predominante que buscó concretarlo.
Un hombre que no pensó mucho la magnitud y el tamaño de lo que haría. Pero que sí, estudió pormenores detalladamente para darle forma a una idea, a su sueño, que vibraba dentro de él con tanta fuerza que lo demandaba. Que requería de él movimiento.
Una motivación tan alta que proviene de lo recóndito del ser. No de la superficie de la persona que luego nos tocará ver o escuchar, o de la que se hablará y se definirá por sus logros.
Detrás del velo, se encuentra un hombre al que, fuera de la función de lo mundano, lo motiva el espíritu de aventura. Siempre. Eso aflora constantemente de su ser. Es lo que lo inyecta, le da vida, fuerza, le impregna intensidad. Lo hace sentir vivo. Se conecta con su verdadera esencia.
Es lo que predomina por encima de todo.
Todo su ser vibra ante la posibilidad de un sueño. De lanzarse a lo natural y a nuevas situaciones que lo llenen de energía.
Un nuevo lugar. Una imagen, una situación. Un nuevo contraste donde interactuar y decidir. Un sueño de transportarse y encarnar por fin de cerca, la esencia de otros hombres, reflejada, leída ya en la historia.
Como un juego de niños. Donde se juegue sólo por jugar, por diversión, por sentir.. Algo que no requiere mayor lógica. Sólo por el hecho de sentirse lleno, de vibrar una vez más.
Este soñador, contrario a lo que se podría imaginar, alguien sumamente activo a partir de sus andanzas, en lugares inhóspitos del globo…, es en realidad, una persona relajada.
Lo caracteriza la tranquilidad en situaciones duras. Situaciones límite. Donde el hombre parece enfrentarse en soledad al medio natural en forma crítica y definitoria. Donde para otros el panorama es de batalla y la psiquis define finalmente todo. Pero a partir de un concepto, que puede ser bueno o malo. Y concluir en el orden o el caos.
Es un ser con una marcada humildad. Donde jamás predominará el sentido del ego por sobre otros en la situación. Sus ojos brillan vivaces al escuchar. Más que al hablar. Porque busca en forma permanente más situaciones de juego. Y desea conocer, aprender.
Para quien la humanidad pasa por los términos más simples. De cómo se soporta hasta el no dormir en campamento, cuando la humedad te cala los huesos y el descanso ya no es descanso.
Hasta lo más especial de observar lo común de los colores más simples en contraste con aquel paisaje monocromático del medio donde se ha convivido meses enteros.
Y cuando el desafío parece exaltar la capacidad y pericia del expedicionario, lo magnífico es nuevamente la simpleza. De un joven que un día marcó un lugar en un mapa y dijo: “allí quiero ir, y voy a ir”.
La simpleza es la marca de este hombre. Un hombre que prefiere hablar y contar en la intimidad de amigos, que en público. El anonimato tal vez sea para él, el verdadero valor de su viaje.
La verdadera esencia de la travesía proviene de lo íntimo de un sueño único y muy personal. Que probablemente no se pueda decodificar desde afuera. Por más que se intente definirlo y cuantificarlo.
El sueño lo convierte en una especie de topadora. Que no admite frenos. Pues este hombre está capacitado para sortear y llevar adelante la empresa más difícil, y asume humildemente que no puede con la desmotivación ajena.
Es un sueño. Un punto observado en un mapa. Su destino ya está marcado.
Es el espíritu de un personaje admirado el que lo convoca, lo impulsa, a salir del libro, y vivir aunque más no sea algo de eso…
Para que en la conversación cada vez más enfática e intensa, donde sus ojos brillan con la ensoñación, el corazón siga latiendo en la intensidad de la acción real.
Dejar de soñar, para ver de qué se trata.
Porque habla un ser primitivo que él lleva dentro en estos tiempos, que lo lleva a interactuar, ir a la naturaleza más cruda.
No es coraje.
Es el impulso de la pasión.
Es inspiración pura.
Moni
Definir al aventurero que concreta su sueño, siempre me inquietó. Me pregunté hace tiempo de qué aspectos estaría compuesto, cuál sería el elemento definitorio, común, esencial a este hombre hoy…
El hombre que se destaca sólo por proponerse y ejecutar. Grandes empresas. Sueños y anhelos de muchos.
El hombre que provoca admiración.
Qué admira la gente de él? Admira sus logros.
Sus ambiciones pueden ser las mismas que las del resto. Pero sus grandes empresas pueden tener la magnitud de plasmarse en lo escrito y en lo visual. Adquiriendo para siempre, el cariz de algo público.
Una experiencia tan solitaria y personal.
Qué hace a este hombre ser tan diferente de los demás? Lo es realmente.?
Existe esta raza de hombres que están destinados a hacer cosas diferentes o estos desafíos están esperándonos a todos, listos para su ejecución?
La gran empresa hace grande al explorador? Al hombre?
Han sido preguntas que me he formulado desde hace tiempo. Desde que comencé a leer historias, crónicas, antiguas y actuales.
Afortunadamente el camino me fue llevando. Cuando se busca saber, comienza una suerte de navegación a tientas, dentro de lo que uno cree que puede ser de cierta manera. En algún punto del recorrido la verdad comienza a mostrar su verdadera cara.
De manera insospechada.
Cuando se puede saltar de las páginas de los relatos a las palabras comunes. Cuando se puede palpar a la persona, en cada gesto, mirada, expresión, tono…
Cuando es posible traspasar el portal de la experiencia por sí misma. Para empezar a hablar de ella, desde el costado más humano que se pueda imaginar. Lo que, según creo, tiene que ver directamente con la esencia de esa vivencia.
Cuando se puede hablar de la remada y el campamento sin hablar de la expedición realizada.
Cuando ocurre el milagro.
Se corre el velo.
Y aparece el hombre.
De carne y hueso. Que tuvo un sueño. Y era tan fuerte y predominante que buscó concretarlo.
Un hombre que no pensó mucho la magnitud y el tamaño de lo que haría. Pero que sí, estudió pormenores detalladamente para darle forma a una idea, a su sueño, que vibraba dentro de él con tanta fuerza que lo demandaba. Que requería de él movimiento.
Una motivación tan alta que proviene de lo recóndito del ser. No de la superficie de la persona que luego nos tocará ver o escuchar, o de la que se hablará y se definirá por sus logros.
Detrás del velo, se encuentra un hombre al que, fuera de la función de lo mundano, lo motiva el espíritu de aventura. Siempre. Eso aflora constantemente de su ser. Es lo que lo inyecta, le da vida, fuerza, le impregna intensidad. Lo hace sentir vivo. Se conecta con su verdadera esencia.
Es lo que predomina por encima de todo.
Todo su ser vibra ante la posibilidad de un sueño. De lanzarse a lo natural y a nuevas situaciones que lo llenen de energía.
Un nuevo lugar. Una imagen, una situación. Un nuevo contraste donde interactuar y decidir. Un sueño de transportarse y encarnar por fin de cerca, la esencia de otros hombres, reflejada, leída ya en la historia.
Como un juego de niños. Donde se juegue sólo por jugar, por diversión, por sentir.. Algo que no requiere mayor lógica. Sólo por el hecho de sentirse lleno, de vibrar una vez más.
Este soñador, contrario a lo que se podría imaginar, alguien sumamente activo a partir de sus andanzas, en lugares inhóspitos del globo…, es en realidad, una persona relajada.
Lo caracteriza la tranquilidad en situaciones duras. Situaciones límite. Donde el hombre parece enfrentarse en soledad al medio natural en forma crítica y definitoria. Donde para otros el panorama es de batalla y la psiquis define finalmente todo. Pero a partir de un concepto, que puede ser bueno o malo. Y concluir en el orden o el caos.
Es un ser con una marcada humildad. Donde jamás predominará el sentido del ego por sobre otros en la situación. Sus ojos brillan vivaces al escuchar. Más que al hablar. Porque busca en forma permanente más situaciones de juego. Y desea conocer, aprender.
Para quien la humanidad pasa por los términos más simples. De cómo se soporta hasta el no dormir en campamento, cuando la humedad te cala los huesos y el descanso ya no es descanso.
Hasta lo más especial de observar lo común de los colores más simples en contraste con aquel paisaje monocromático del medio donde se ha convivido meses enteros.
Y cuando el desafío parece exaltar la capacidad y pericia del expedicionario, lo magnífico es nuevamente la simpleza. De un joven que un día marcó un lugar en un mapa y dijo: “allí quiero ir, y voy a ir”.
La simpleza es la marca de este hombre. Un hombre que prefiere hablar y contar en la intimidad de amigos, que en público. El anonimato tal vez sea para él, el verdadero valor de su viaje.
La verdadera esencia de la travesía proviene de lo íntimo de un sueño único y muy personal. Que probablemente no se pueda decodificar desde afuera. Por más que se intente definirlo y cuantificarlo.
El sueño lo convierte en una especie de topadora. Que no admite frenos. Pues este hombre está capacitado para sortear y llevar adelante la empresa más difícil, y asume humildemente que no puede con la desmotivación ajena.
Es un sueño. Un punto observado en un mapa. Su destino ya está marcado.
Es el espíritu de un personaje admirado el que lo convoca, lo impulsa, a salir del libro, y vivir aunque más no sea algo de eso…
Para que en la conversación cada vez más enfática e intensa, donde sus ojos brillan con la ensoñación, el corazón siga latiendo en la intensidad de la acción real.
Dejar de soñar, para ver de qué se trata.
Porque habla un ser primitivo que él lleva dentro en estos tiempos, que lo lleva a interactuar, ir a la naturaleza más cruda.
No es coraje.
Es el impulso de la pasión.
Es inspiración pura.
Moni
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Raid náutico de la Tierra del Fuego
El pasado 11,12 y 13 de noviembre se llevó a cabo el vigésimo encuentro internacional denominado RAID NAUTICO DE LA TIERRA DEL FUEGO. Este clásico evento une a palistas locales y del vecino país con visitantes argentinos de diversos lugares, y extranjeros también. La finalidad es bajar el río Grande en camaradería desde estancia Onamonte (Chile) hasta su desembocadura en el Atlántico en Argentina. A continuación algunas fotos para ilustrar lo que nos dejó esta fiesta.
Y el río que acoge a todos, nos lleva, y acompaña a su manera esta fiesta en el agua...
La primer parada se da en un manchón de bosque en medio de la estepa.
Un oasis a salvo del viento que ya se deja sentir en el río...
Un momento esperado para recuperar energía y entrar en calor, para afrontar las próximas horas de remada hasta el segundo campamento: Estancia Aurelia.
Donde no falta el calor familiar de quienes viajan 60 kms, desde Río Grande sólo para reconfortar a sus seres queridos.
La segunda jornada es dominada completamente por el paisaje de estepa.
La fauna fueguina queda en total y merecido protagonismo...
Una isla con mucho espacio...compartida por dos países hermanos...
Para llegar al lugar de inicio de la travesía, Estancia Onamonte, se debe viajar por espacio de 4 horas, sortear pasos fronterizos, en la única ruta transitable hacia la región de Cameron, en la zona occidental de Tierra del Fuego.
Por fin.. el encuentro con las embarcaciones y el río...
Un lugar pleno de contrastes.
Colores y luz en la primavera..., precipitaciones y nieve en el invierno.
El río Grande nace a unos kilómetros, en las montañas... En una zona donde los bosques de a poco empiezan a fundirse con la estepa patágonica.
Una vez instalados los remeros, el raid es sinónimo de encuentro...
Intercambio entre los fueguinos y los de afuera. Al calor del fuego, en el campamento, se suceden las anécdotas, chistes y canciones hasta bien entrada la noche.
El sol en Tierra del Fuego sale en el E cerca de las 5:30hs en esta época del año.
Su luz da vida nuevamente a este paraíso.
Tras los primeros mates, sólo resta desarmar campamento y bajar a cargar los botes...
Previo al zarpe, las inspecciones se conjugan con el deseo de plasmar un momento muy especial para todos...
A un variado encuentro de remeros le acompañan variadas elecciones...
El kayakista que disfruta su experiencia individual...
La canoa que todavía navega con honores en el río Grande...
Y el río que acoge a todos, nos lleva, y acompaña a su manera esta fiesta en el agua...
La primer parada se da en un manchón de bosque en medio de la estepa.
Un oasis a salvo del viento que ya se deja sentir en el río...
Un momento esperado para recuperar energía y entrar en calor, para afrontar las próximas horas de remada hasta el segundo campamento: Estancia Aurelia.
Puerto de palos, un campamento en plena pampa, clásicamente azotado por chubascos de agua y mucho frío por la noche.
Donde no falta el calor familiar de quienes viajan 60 kms, desde Río Grande sólo para reconfortar a sus seres queridos.
La segunda jornada es dominada completamente por el paisaje de estepa.
La fauna fueguina queda en total y merecido protagonismo...
El "peladero" en la "parada del gaviotero" es ameno hoy. El viento mermó, el sol acompaña y ayuda al relax.
Hacia el final de la travesía del río Grande, el paisaje impacta con las "barrancas de Allen"...
Algunos remeros foráneos preguntan en el último kilómetro donde culmina todo?
Hace 20 años el lugar emblemático es: EL PUENTE COLGANTE DEL RIO GRANDE.
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