Este espacio está pensado para compartir las vivencias de nuestra pasión, el kayak de travesía en nuestra querida Isla Tierra del Fuego
lunes, 29 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
El explorador de estos tiempos
Qué es un verdadero expedicionario? O qué lo hace ser?
Definir al aventurero que concreta su sueño, siempre me inquietó. Me pregunté hace tiempo de qué aspectos estaría compuesto, cuál sería el elemento definitorio, común, esencial a este hombre hoy…
El hombre que se destaca sólo por proponerse y ejecutar. Grandes empresas. Sueños y anhelos de muchos.
El hombre que provoca admiración.
Qué admira la gente de él? Admira sus logros.
Sus ambiciones pueden ser las mismas que las del resto. Pero sus grandes empresas pueden tener la magnitud de plasmarse en lo escrito y en lo visual. Adquiriendo para siempre, el cariz de algo público.
Una experiencia tan solitaria y personal.
Qué hace a este hombre ser tan diferente de los demás? Lo es realmente.?
Existe esta raza de hombres que están destinados a hacer cosas diferentes o estos desafíos están esperándonos a todos, listos para su ejecución?
La gran empresa hace grande al explorador? Al hombre?
Han sido preguntas que me he formulado desde hace tiempo. Desde que comencé a leer historias, crónicas, antiguas y actuales.
Afortunadamente el camino me fue llevando. Cuando se busca saber, comienza una suerte de navegación a tientas, dentro de lo que uno cree que puede ser de cierta manera. En algún punto del recorrido la verdad comienza a mostrar su verdadera cara.
De manera insospechada.
Cuando se puede saltar de las páginas de los relatos a las palabras comunes. Cuando se puede palpar a la persona, en cada gesto, mirada, expresión, tono…
Cuando es posible traspasar el portal de la experiencia por sí misma. Para empezar a hablar de ella, desde el costado más humano que se pueda imaginar. Lo que, según creo, tiene que ver directamente con la esencia de esa vivencia.
Cuando se puede hablar de la remada y el campamento sin hablar de la expedición realizada.
Cuando ocurre el milagro.
Se corre el velo.
Y aparece el hombre.
De carne y hueso. Que tuvo un sueño. Y era tan fuerte y predominante que buscó concretarlo.
Un hombre que no pensó mucho la magnitud y el tamaño de lo que haría. Pero que sí, estudió pormenores detalladamente para darle forma a una idea, a su sueño, que vibraba dentro de él con tanta fuerza que lo demandaba. Que requería de él movimiento.
Una motivación tan alta que proviene de lo recóndito del ser. No de la superficie de la persona que luego nos tocará ver o escuchar, o de la que se hablará y se definirá por sus logros.
Detrás del velo, se encuentra un hombre al que, fuera de la función de lo mundano, lo motiva el espíritu de aventura. Siempre. Eso aflora constantemente de su ser. Es lo que lo inyecta, le da vida, fuerza, le impregna intensidad. Lo hace sentir vivo. Se conecta con su verdadera esencia.
Es lo que predomina por encima de todo.
Todo su ser vibra ante la posibilidad de un sueño. De lanzarse a lo natural y a nuevas situaciones que lo llenen de energía.
Un nuevo lugar. Una imagen, una situación. Un nuevo contraste donde interactuar y decidir. Un sueño de transportarse y encarnar por fin de cerca, la esencia de otros hombres, reflejada, leída ya en la historia.
Como un juego de niños. Donde se juegue sólo por jugar, por diversión, por sentir.. Algo que no requiere mayor lógica. Sólo por el hecho de sentirse lleno, de vibrar una vez más.
Este soñador, contrario a lo que se podría imaginar, alguien sumamente activo a partir de sus andanzas, en lugares inhóspitos del globo…, es en realidad, una persona relajada.
Lo caracteriza la tranquilidad en situaciones duras. Situaciones límite. Donde el hombre parece enfrentarse en soledad al medio natural en forma crítica y definitoria. Donde para otros el panorama es de batalla y la psiquis define finalmente todo. Pero a partir de un concepto, que puede ser bueno o malo. Y concluir en el orden o el caos.
Es un ser con una marcada humildad. Donde jamás predominará el sentido del ego por sobre otros en la situación. Sus ojos brillan vivaces al escuchar. Más que al hablar. Porque busca en forma permanente más situaciones de juego. Y desea conocer, aprender.
Para quien la humanidad pasa por los términos más simples. De cómo se soporta hasta el no dormir en campamento, cuando la humedad te cala los huesos y el descanso ya no es descanso.
Hasta lo más especial de observar lo común de los colores más simples en contraste con aquel paisaje monocromático del medio donde se ha convivido meses enteros.
Y cuando el desafío parece exaltar la capacidad y pericia del expedicionario, lo magnífico es nuevamente la simpleza. De un joven que un día marcó un lugar en un mapa y dijo: “allí quiero ir, y voy a ir”.
La simpleza es la marca de este hombre. Un hombre que prefiere hablar y contar en la intimidad de amigos, que en público. El anonimato tal vez sea para él, el verdadero valor de su viaje.
La verdadera esencia de la travesía proviene de lo íntimo de un sueño único y muy personal. Que probablemente no se pueda decodificar desde afuera. Por más que se intente definirlo y cuantificarlo.
El sueño lo convierte en una especie de topadora. Que no admite frenos. Pues este hombre está capacitado para sortear y llevar adelante la empresa más difícil, y asume humildemente que no puede con la desmotivación ajena.
Es un sueño. Un punto observado en un mapa. Su destino ya está marcado.
Es el espíritu de un personaje admirado el que lo convoca, lo impulsa, a salir del libro, y vivir aunque más no sea algo de eso…
Para que en la conversación cada vez más enfática e intensa, donde sus ojos brillan con la ensoñación, el corazón siga latiendo en la intensidad de la acción real.
Dejar de soñar, para ver de qué se trata.
Porque habla un ser primitivo que él lleva dentro en estos tiempos, que lo lleva a interactuar, ir a la naturaleza más cruda.
No es coraje.
Es el impulso de la pasión.
Es inspiración pura.
Moni
Definir al aventurero que concreta su sueño, siempre me inquietó. Me pregunté hace tiempo de qué aspectos estaría compuesto, cuál sería el elemento definitorio, común, esencial a este hombre hoy…
El hombre que se destaca sólo por proponerse y ejecutar. Grandes empresas. Sueños y anhelos de muchos.
El hombre que provoca admiración.
Qué admira la gente de él? Admira sus logros.
Sus ambiciones pueden ser las mismas que las del resto. Pero sus grandes empresas pueden tener la magnitud de plasmarse en lo escrito y en lo visual. Adquiriendo para siempre, el cariz de algo público.
Una experiencia tan solitaria y personal.
Qué hace a este hombre ser tan diferente de los demás? Lo es realmente.?
Existe esta raza de hombres que están destinados a hacer cosas diferentes o estos desafíos están esperándonos a todos, listos para su ejecución?
La gran empresa hace grande al explorador? Al hombre?
Han sido preguntas que me he formulado desde hace tiempo. Desde que comencé a leer historias, crónicas, antiguas y actuales.
Afortunadamente el camino me fue llevando. Cuando se busca saber, comienza una suerte de navegación a tientas, dentro de lo que uno cree que puede ser de cierta manera. En algún punto del recorrido la verdad comienza a mostrar su verdadera cara.
De manera insospechada.
Cuando se puede saltar de las páginas de los relatos a las palabras comunes. Cuando se puede palpar a la persona, en cada gesto, mirada, expresión, tono…
Cuando es posible traspasar el portal de la experiencia por sí misma. Para empezar a hablar de ella, desde el costado más humano que se pueda imaginar. Lo que, según creo, tiene que ver directamente con la esencia de esa vivencia.
Cuando se puede hablar de la remada y el campamento sin hablar de la expedición realizada.
Cuando ocurre el milagro.
Se corre el velo.
Y aparece el hombre.
De carne y hueso. Que tuvo un sueño. Y era tan fuerte y predominante que buscó concretarlo.
Un hombre que no pensó mucho la magnitud y el tamaño de lo que haría. Pero que sí, estudió pormenores detalladamente para darle forma a una idea, a su sueño, que vibraba dentro de él con tanta fuerza que lo demandaba. Que requería de él movimiento.
Una motivación tan alta que proviene de lo recóndito del ser. No de la superficie de la persona que luego nos tocará ver o escuchar, o de la que se hablará y se definirá por sus logros.
Detrás del velo, se encuentra un hombre al que, fuera de la función de lo mundano, lo motiva el espíritu de aventura. Siempre. Eso aflora constantemente de su ser. Es lo que lo inyecta, le da vida, fuerza, le impregna intensidad. Lo hace sentir vivo. Se conecta con su verdadera esencia.
Es lo que predomina por encima de todo.
Todo su ser vibra ante la posibilidad de un sueño. De lanzarse a lo natural y a nuevas situaciones que lo llenen de energía.
Un nuevo lugar. Una imagen, una situación. Un nuevo contraste donde interactuar y decidir. Un sueño de transportarse y encarnar por fin de cerca, la esencia de otros hombres, reflejada, leída ya en la historia.
Como un juego de niños. Donde se juegue sólo por jugar, por diversión, por sentir.. Algo que no requiere mayor lógica. Sólo por el hecho de sentirse lleno, de vibrar una vez más.
Este soñador, contrario a lo que se podría imaginar, alguien sumamente activo a partir de sus andanzas, en lugares inhóspitos del globo…, es en realidad, una persona relajada.
Lo caracteriza la tranquilidad en situaciones duras. Situaciones límite. Donde el hombre parece enfrentarse en soledad al medio natural en forma crítica y definitoria. Donde para otros el panorama es de batalla y la psiquis define finalmente todo. Pero a partir de un concepto, que puede ser bueno o malo. Y concluir en el orden o el caos.
Es un ser con una marcada humildad. Donde jamás predominará el sentido del ego por sobre otros en la situación. Sus ojos brillan vivaces al escuchar. Más que al hablar. Porque busca en forma permanente más situaciones de juego. Y desea conocer, aprender.
Para quien la humanidad pasa por los términos más simples. De cómo se soporta hasta el no dormir en campamento, cuando la humedad te cala los huesos y el descanso ya no es descanso.
Hasta lo más especial de observar lo común de los colores más simples en contraste con aquel paisaje monocromático del medio donde se ha convivido meses enteros.
Y cuando el desafío parece exaltar la capacidad y pericia del expedicionario, lo magnífico es nuevamente la simpleza. De un joven que un día marcó un lugar en un mapa y dijo: “allí quiero ir, y voy a ir”.
La simpleza es la marca de este hombre. Un hombre que prefiere hablar y contar en la intimidad de amigos, que en público. El anonimato tal vez sea para él, el verdadero valor de su viaje.
La verdadera esencia de la travesía proviene de lo íntimo de un sueño único y muy personal. Que probablemente no se pueda decodificar desde afuera. Por más que se intente definirlo y cuantificarlo.
El sueño lo convierte en una especie de topadora. Que no admite frenos. Pues este hombre está capacitado para sortear y llevar adelante la empresa más difícil, y asume humildemente que no puede con la desmotivación ajena.
Es un sueño. Un punto observado en un mapa. Su destino ya está marcado.
Es el espíritu de un personaje admirado el que lo convoca, lo impulsa, a salir del libro, y vivir aunque más no sea algo de eso…
Para que en la conversación cada vez más enfática e intensa, donde sus ojos brillan con la ensoñación, el corazón siga latiendo en la intensidad de la acción real.
Dejar de soñar, para ver de qué se trata.
Porque habla un ser primitivo que él lleva dentro en estos tiempos, que lo lleva a interactuar, ir a la naturaleza más cruda.
No es coraje.
Es el impulso de la pasión.
Es inspiración pura.
Moni
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Raid náutico de la Tierra del Fuego
El pasado 11,12 y 13 de noviembre se llevó a cabo el vigésimo encuentro internacional denominado RAID NAUTICO DE LA TIERRA DEL FUEGO. Este clásico evento une a palistas locales y del vecino país con visitantes argentinos de diversos lugares, y extranjeros también. La finalidad es bajar el río Grande en camaradería desde estancia Onamonte (Chile) hasta su desembocadura en el Atlántico en Argentina. A continuación algunas fotos para ilustrar lo que nos dejó esta fiesta.
Y el río que acoge a todos, nos lleva, y acompaña a su manera esta fiesta en el agua...
La primer parada se da en un manchón de bosque en medio de la estepa.
Un oasis a salvo del viento que ya se deja sentir en el río...
Un momento esperado para recuperar energía y entrar en calor, para afrontar las próximas horas de remada hasta el segundo campamento: Estancia Aurelia.
Donde no falta el calor familiar de quienes viajan 60 kms, desde Río Grande sólo para reconfortar a sus seres queridos.
La segunda jornada es dominada completamente por el paisaje de estepa.
La fauna fueguina queda en total y merecido protagonismo...
Una isla con mucho espacio...compartida por dos países hermanos...
Para llegar al lugar de inicio de la travesía, Estancia Onamonte, se debe viajar por espacio de 4 horas, sortear pasos fronterizos, en la única ruta transitable hacia la región de Cameron, en la zona occidental de Tierra del Fuego.
Por fin.. el encuentro con las embarcaciones y el río...
Un lugar pleno de contrastes.
Colores y luz en la primavera..., precipitaciones y nieve en el invierno.
El río Grande nace a unos kilómetros, en las montañas... En una zona donde los bosques de a poco empiezan a fundirse con la estepa patágonica.
Una vez instalados los remeros, el raid es sinónimo de encuentro...
Intercambio entre los fueguinos y los de afuera. Al calor del fuego, en el campamento, se suceden las anécdotas, chistes y canciones hasta bien entrada la noche.
El sol en Tierra del Fuego sale en el E cerca de las 5:30hs en esta época del año.
Su luz da vida nuevamente a este paraíso.
Tras los primeros mates, sólo resta desarmar campamento y bajar a cargar los botes...
Previo al zarpe, las inspecciones se conjugan con el deseo de plasmar un momento muy especial para todos...
A un variado encuentro de remeros le acompañan variadas elecciones...
El kayakista que disfruta su experiencia individual...
La canoa que todavía navega con honores en el río Grande...
Y el río que acoge a todos, nos lleva, y acompaña a su manera esta fiesta en el agua...
La primer parada se da en un manchón de bosque en medio de la estepa.
Un oasis a salvo del viento que ya se deja sentir en el río...
Un momento esperado para recuperar energía y entrar en calor, para afrontar las próximas horas de remada hasta el segundo campamento: Estancia Aurelia.
Puerto de palos, un campamento en plena pampa, clásicamente azotado por chubascos de agua y mucho frío por la noche.
Donde no falta el calor familiar de quienes viajan 60 kms, desde Río Grande sólo para reconfortar a sus seres queridos.
La segunda jornada es dominada completamente por el paisaje de estepa.
La fauna fueguina queda en total y merecido protagonismo...
El "peladero" en la "parada del gaviotero" es ameno hoy. El viento mermó, el sol acompaña y ayuda al relax.
Hacia el final de la travesía del río Grande, el paisaje impacta con las "barrancas de Allen"...
Algunos remeros foráneos preguntan en el último kilómetro donde culmina todo?
Hace 20 años el lugar emblemático es: EL PUENTE COLGANTE DEL RIO GRANDE.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Tierra del Fuego y el hombre
Qué buscó el navegante antiguo en estas aguas?. Qué persigue el kayakista actual al venir a esta tierra?. Qué especie de magia o magnetismo ejerce este lugar tan apartado, distante y remoto para mucha gente en el mundo que llega con el único propósito de “recorrer el fin del mundo”?.
Antaño, eran los tiempos de descubrimientos, la era de los estudios científicos y el auge comercial que buscaba intensamente un paso hacia el Pacífico. Lo que aventuraba a miles de navegantes a tierras y mares totalmente desconocidos. Muchos de ellos con finales catastróficos en cientos de naufragios que se pueden leer en variados libros de expediciones a estos confines.
Afortunadamente, dependiendo del humor, prejuicio, cuestión filosófico- religiosa, las concepciones acerca del lugar y sus habitantes variaban ampliamente.
Desde navegaciones por el Cabo de Hornos exitosas y conforme a los tiempos establecidos, a relatos de terror definiendo lo que se experimentaba en la navegación como el caos del mismísimo infierno. Donde la buenaventura del Creador había abandonado estas tierras a la nada, y a lo más bajo en la escala de la “condición humana”.
Es donde términos como canibalismo se hacían presentes también para el yámana, contrarrestados por elogios a la etnia Selk´nam, a su conformación física, su organización social, etc.
El lugar fue de los últimos en ser “descubiertos”. De los últimos en ser “civilizados”. Es una región con una historia reciente pero increíblemente intensa. De su constitución en general, por clima y geografía ha llegado a cargar hasta con el simbolismo de ser un lugar de castigo y prisión. La misma tierra que otros seres humanos amaban y concebían como perfecta en todos sus perfiles.
En la cordillera húmeda y enmarañada, en la zona media más amena y protegida, salpicada de sierras y bosques, o en la estepa norte y oriental cercana al atlántico barrida por los vientos constantes del oeste, desprotegida pero llena de luz y amplitud.
He leído y escuchado tantas veces los términos fría, hostil, estéril, dura, mortal…, que me pregunto qué atrae a los navegantes a estas aguas fueguinas?.
Qué busca el kayakista en Tierra del Fuego?.
Medirse con la Tierra del Fuego salvaje, domar a un ente, un espíritu que es único y no puede ser domado.
Medirse consigo mismo en sus límites, su pericia, sus capacidades.
Buscar una experiencia extrema, físicamente hablando… no sólo en la capacidad técnica sino en la resistencia y fortaleza física para convivir con un clima cambiante y duro en todas las estaciones del año que puede enajenar sumado al cansancio y estrés emocional.
Conectar con la experiencia espiritual de encontrar respuestas a tantas preguntas que vienen del interior.
O simplemente encontrar la PAZ en el aislamiento, en la conexión directa e instantánea con la naturaleza, en su expresión virgen, intocada. Lejos de toda presencia de civilización, sólo uno y el medio.
Será esa la adrenalina mayor? Estar preparado para afrontar esa soledad, y depender de sí mismo, lo que a muchos puede llevarlos a sentirse desnudos, desprovistos, indefensos.?
O interactuar en soledad con el mar fueguino agitado, elaborando de allí una situación de amistad amena y de juego o de batalla campal mortal para ver quién manda o gana.
Qué trae al hombre a la Tierra del Fuego, su ego o su humildad?.
Viene por la tierra en su esencia o por sí mismo? Por la necesidad de un triunfo deportivo frente a sí mismo y sus pares, o la búsqueda de una experiencia única que se imprima en su historia interior.Viene a descubrirla o a descubrirse?
Cada kayakista lo sabrá, o no. No necesariamente se está conectado arriba de un kayak con la esencia de la tierra, con lo natural, ni consigo mismo.
No necesariamente tenemos la madurez para disfrutar cuando es el momento de hacerlo, conectando con el niño interno que llevamos.
Y no necesariamente entendemos lo que Tierra del Fuego nos ofrece siempre cuando intentamos definirlo y domarlo.
Los expedicionarios sienten el frío, padecen ciertos momentos de la navegación, o las esperas en tierra cuando la última palabra la tiene el clima también, se acurrucan en sus carpas, o terminan volviendo a casa sin concretar su fin.
Los visitantes ocasionales sufren el frío también, padecen momentos en el río donde el viento los enfría en cuestión de segundos y los obliga a acurrucarse hacia cubierta remando bajo, prueba su resistencia, su psiquis, su paciencia, sus ganas de continuar la travesía.
Luego en tierra, los lleva a la carpa más temprano que lo habitual porque el frío manda. Y no se puede seguir disfrutando cuando el cuerpo no entra en calor. Y el levantarse también se convierte en una tarea difícil, escuchando el viento silbar y sacudir la carpa.
Y todavía espera el zarpe. La entrada al agua, donde todo adquiere otro tono, tal vez más dramático para algunos.
Donde no hay descanso en la remada cuando arrecia el viento en las curvas o de frente. Donde el aire se cuela entre la ropa y entra en el cuerpo. Se instala. Te entumece.
Donde comentan sorprendidos la versatilidad y capacidad de cambio del clima fueguino.
El fueguino en cambio se sorprende de qué los trae aquí.
Qué tiene Tierra del Fuego? Qué provoca? Qué imprime? A qué invita?
Cuál es su magnetismo? Ser difícil y salvaje? Poner a prueba la resistencia humana? Ser impredecible?
Es inhóspita y salvaje donde la vista alcance. Es tranquila cuando pace el guanaco y vuela el cóndor.
Es fría cuando el sol se pone y cálida cuando permite que sus rayos aporten bienestar.
Es húmeda en el campo y seca en el viento de estepa.
Es lúgubre en el invierno aletargado por la tarde y vital en la mañana de verano plena de luz.
Es remota en sus latitudes y distante en sus espacios agrestes. Es cercana y amigable en la sencillez y lo ameno de su gente.
Antaño, eran los tiempos de descubrimientos, la era de los estudios científicos y el auge comercial que buscaba intensamente un paso hacia el Pacífico. Lo que aventuraba a miles de navegantes a tierras y mares totalmente desconocidos. Muchos de ellos con finales catastróficos en cientos de naufragios que se pueden leer en variados libros de expediciones a estos confines.
Afortunadamente, dependiendo del humor, prejuicio, cuestión filosófico- religiosa, las concepciones acerca del lugar y sus habitantes variaban ampliamente.
Desde navegaciones por el Cabo de Hornos exitosas y conforme a los tiempos establecidos, a relatos de terror definiendo lo que se experimentaba en la navegación como el caos del mismísimo infierno. Donde la buenaventura del Creador había abandonado estas tierras a la nada, y a lo más bajo en la escala de la “condición humana”.
Es donde términos como canibalismo se hacían presentes también para el yámana, contrarrestados por elogios a la etnia Selk´nam, a su conformación física, su organización social, etc.
El lugar fue de los últimos en ser “descubiertos”. De los últimos en ser “civilizados”. Es una región con una historia reciente pero increíblemente intensa. De su constitución en general, por clima y geografía ha llegado a cargar hasta con el simbolismo de ser un lugar de castigo y prisión. La misma tierra que otros seres humanos amaban y concebían como perfecta en todos sus perfiles.
He leído y escuchado tantas veces los términos fría, hostil, estéril, dura, mortal…, que me pregunto qué atrae a los navegantes a estas aguas fueguinas?.
Qué busca el kayakista en Tierra del Fuego?.
Medirse con la Tierra del Fuego salvaje, domar a un ente, un espíritu que es único y no puede ser domado.
Medirse consigo mismo en sus límites, su pericia, sus capacidades.
Buscar una experiencia extrema, físicamente hablando… no sólo en la capacidad técnica sino en la resistencia y fortaleza física para convivir con un clima cambiante y duro en todas las estaciones del año que puede enajenar sumado al cansancio y estrés emocional.
Conectar con la experiencia espiritual de encontrar respuestas a tantas preguntas que vienen del interior.
O simplemente encontrar la PAZ en el aislamiento, en la conexión directa e instantánea con la naturaleza, en su expresión virgen, intocada. Lejos de toda presencia de civilización, sólo uno y el medio.
Será esa la adrenalina mayor? Estar preparado para afrontar esa soledad, y depender de sí mismo, lo que a muchos puede llevarlos a sentirse desnudos, desprovistos, indefensos.?
O interactuar en soledad con el mar fueguino agitado, elaborando de allí una situación de amistad amena y de juego o de batalla campal mortal para ver quién manda o gana.
Qué trae al hombre a la Tierra del Fuego, su ego o su humildad?.
Viene por la tierra en su esencia o por sí mismo? Por la necesidad de un triunfo deportivo frente a sí mismo y sus pares, o la búsqueda de una experiencia única que se imprima en su historia interior.Viene a descubrirla o a descubrirse?
Cada kayakista lo sabrá, o no. No necesariamente se está conectado arriba de un kayak con la esencia de la tierra, con lo natural, ni consigo mismo.
No necesariamente tenemos la madurez para disfrutar cuando es el momento de hacerlo, conectando con el niño interno que llevamos.
Y no necesariamente entendemos lo que Tierra del Fuego nos ofrece siempre cuando intentamos definirlo y domarlo.
Los expedicionarios sienten el frío, padecen ciertos momentos de la navegación, o las esperas en tierra cuando la última palabra la tiene el clima también, se acurrucan en sus carpas, o terminan volviendo a casa sin concretar su fin.
Los visitantes ocasionales sufren el frío también, padecen momentos en el río donde el viento los enfría en cuestión de segundos y los obliga a acurrucarse hacia cubierta remando bajo, prueba su resistencia, su psiquis, su paciencia, sus ganas de continuar la travesía.
Luego en tierra, los lleva a la carpa más temprano que lo habitual porque el frío manda. Y no se puede seguir disfrutando cuando el cuerpo no entra en calor. Y el levantarse también se convierte en una tarea difícil, escuchando el viento silbar y sacudir la carpa.
Y todavía espera el zarpe. La entrada al agua, donde todo adquiere otro tono, tal vez más dramático para algunos.
Donde no hay descanso en la remada cuando arrecia el viento en las curvas o de frente. Donde el aire se cuela entre la ropa y entra en el cuerpo. Se instala. Te entumece.
Donde comentan sorprendidos la versatilidad y capacidad de cambio del clima fueguino.
El fueguino en cambio se sorprende de qué los trae aquí.
Qué tiene Tierra del Fuego? Qué provoca? Qué imprime? A qué invita?
Cuál es su magnetismo? Ser difícil y salvaje? Poner a prueba la resistencia humana? Ser impredecible?
Es inhóspita y salvaje donde la vista alcance. Es tranquila cuando pace el guanaco y vuela el cóndor.
Es fría cuando el sol se pone y cálida cuando permite que sus rayos aporten bienestar.
Es húmeda en el campo y seca en el viento de estepa.
Es lúgubre en el invierno aletargado por la tarde y vital en la mañana de verano plena de luz.
Es remota en sus latitudes y distante en sus espacios agrestes. Es cercana y amigable en la sencillez y lo ameno de su gente.
Es perfecta tal como es.
Moni
lunes, 8 de noviembre de 2010
martes, 2 de noviembre de 2010
sábado, 23 de octubre de 2010
Humor

- KAYAKISTA: Nunca voy a aprender a rolar si seguís apretando PAUSA!
- PECECITO: No tenés papas fritas...?
domingo, 17 de octubre de 2010
Feliz dia de la MADRE
Este es nuestro homenaje a las madres kayakistas: esas mujeres que se las ingenian para articular sus vidas en pos de dejar ser al espíritu aventurero que llevan dentro. Que se van a las travesías siempre con algo de culpa y comparten momentos de campamento ameno alternados con la clásica preocupación de una madre acerca de cómo estarán sus hijos esa anoche.
Una mujer que siempre navega llevando a su hijo en el kayak, pues de allí también ha salido alguna vez la fuerza para afrontar momentos de combate en el agua, para volver a su hijo como siempre...
La misma mujer que cuando se baja del kayak y se alista para emprender la vuelta a casa no desea otra cosa que el abrazo de su bebé.
Felicidades a todas ustedes!
sábado, 9 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
Tierra del Fuego y sus matices
Tierra del Fuego… ese nombre ante todo, siempre…. Resuena el eco en mi alma. Casi puedo escuchar a ese navegante hace casi 500 años, pronunciarlo al ver atónito a lo lejos las fogatas en tierra…
Hoy me siento otra vez en el kayak y no me aparto nunca de este fuerte sentimiento que me viene a acompañar como siempre, la emoción de tener la dicha de poder navegar un lugar tan majestuoso como éste en total libertad.
En el kayak, caminando en el campo, viéndola desde lo alto, mirando desde la costa del mar hacia el horizonte, no dejo jamás de sentirme privilegiada de poder pisar la tierra de un lugar con una historia tan nueva, pero tan contundente.
Puedo captar en esta magia que me envuelve toda vez, los pequeños matices que definen a la Tierra del Fuego.
La quietud de un día húmedo en la zona de estancias, muy cerca de la ruta 3 que te lleva a Ushuaia, lo salvaje de una costa inhóspita en la zona oriental de la isla…
El acogedor colorido del Canal Beagle, el amarronado de los lagos precordilleranos tapizados con bosques de lengas, los fiordos protegidos con sus glaciares en cascada en el Seno Almirantazgo…
Buscaba un poco de contacto con lo natural, el sur en estas latitudes nos obliga a un encierro casi total durante el invierno. Necesitaba de los olores del campo, del murmullo del agua corriendo suavecito, en algún recodo…
Necesitaba meterme para adentro una vez más, en el medio de la nada, o del todo.
Y me pregunté al llegar, qué me ofrecerá el Ewan hoy?. Qué le aportará al kayakista un simple río de estepa, chico, serpenteante y manso?.
Le aporta al hombre, algo de lo que suele desconectarse en la ciudad, PAZ. Basta botar el kayak al agua para ingresar a un mundo distinto, con lenguaje propio. Que a sólo pasos del auto y de la ruta, no entiende de rutinas, ni estrés, ni hábitos.
El piño de ovejas jamás pasará por el mismo lugar ni te mirarán asombradas como hoy, corriendo al bosque para proteger sus crías nuevas.
El cielo plomizo decidirá esta vez bautizarte apenas la cara con algunas gotas que serán casi una bendición, en una tierra que todavía no conoce de contaminación, donde se respira uno de los aires más puros…
Y el aire, hoy dormido, te acompañará todo el trayecto silenciosamente, otorgándote el privilegio de conocer el mantra de la naturaleza en el sonido de los pájaros, el correr del agua, tu respiración y… nada más.
Tierra del Fuego nos ofrece un paisaje de invierno todavía. Alguna mancha blanca se deja adivinar en el bosque, producto de las últimas nevadas. El suelo acusa la humedad de las precipitaciones, y me espanta las ganas de fusionar el kayak con la carpa. Pero sólo por un tiempo. Todo lo que se hace esperar sabiamente en esta tierra promete una recompensa más adelante.
Los colores, amarillentos y amarronados sobre tierra, se mimetizan con este río.
La lenga todavía no ha despertado. Aún así es tan bella como siempre. Su fisonomía desprolija te cuenta de las huellas del contacto con algo límite. El frío y el viento fueguinos.
Lo límite no permite la belleza excelsa de otras especies cordilleranas de zonas más cálidas. Pero contribuye a esta belleza única y salvaje, que está reservada sólo a lo alto en otros lugares. Aquellas alturas donde danzan los cóndores, y donde gana la resistencia de los fuertes.
De eso te habla Tierra del Fuego todo el tiempo, de la calidad de su belleza. Oculta en lo aparentemente caótico y en la aparente desprolijidad de lo salvaje.
Es intensa en sus matices. Donde quiera que navegues, camines, sentirás ese poder, que sobrecoge, subyuga por momentos, conmueve la esencia e inspira a sentirse vivo…
Moni
Hoy me siento otra vez en el kayak y no me aparto nunca de este fuerte sentimiento que me viene a acompañar como siempre, la emoción de tener la dicha de poder navegar un lugar tan majestuoso como éste en total libertad.
En el kayak, caminando en el campo, viéndola desde lo alto, mirando desde la costa del mar hacia el horizonte, no dejo jamás de sentirme privilegiada de poder pisar la tierra de un lugar con una historia tan nueva, pero tan contundente.
Puedo captar en esta magia que me envuelve toda vez, los pequeños matices que definen a la Tierra del Fuego.
La quietud de un día húmedo en la zona de estancias, muy cerca de la ruta 3 que te lleva a Ushuaia, lo salvaje de una costa inhóspita en la zona oriental de la isla…
El acogedor colorido del Canal Beagle, el amarronado de los lagos precordilleranos tapizados con bosques de lengas, los fiordos protegidos con sus glaciares en cascada en el Seno Almirantazgo…
Buscaba un poco de contacto con lo natural, el sur en estas latitudes nos obliga a un encierro casi total durante el invierno. Necesitaba de los olores del campo, del murmullo del agua corriendo suavecito, en algún recodo…
Necesitaba meterme para adentro una vez más, en el medio de la nada, o del todo.
Y me pregunté al llegar, qué me ofrecerá el Ewan hoy?. Qué le aportará al kayakista un simple río de estepa, chico, serpenteante y manso?.
Le aporta al hombre, algo de lo que suele desconectarse en la ciudad, PAZ. Basta botar el kayak al agua para ingresar a un mundo distinto, con lenguaje propio. Que a sólo pasos del auto y de la ruta, no entiende de rutinas, ni estrés, ni hábitos.
El piño de ovejas jamás pasará por el mismo lugar ni te mirarán asombradas como hoy, corriendo al bosque para proteger sus crías nuevas.
El cielo plomizo decidirá esta vez bautizarte apenas la cara con algunas gotas que serán casi una bendición, en una tierra que todavía no conoce de contaminación, donde se respira uno de los aires más puros…
Y el aire, hoy dormido, te acompañará todo el trayecto silenciosamente, otorgándote el privilegio de conocer el mantra de la naturaleza en el sonido de los pájaros, el correr del agua, tu respiración y… nada más.
Tierra del Fuego nos ofrece un paisaje de invierno todavía. Alguna mancha blanca se deja adivinar en el bosque, producto de las últimas nevadas. El suelo acusa la humedad de las precipitaciones, y me espanta las ganas de fusionar el kayak con la carpa. Pero sólo por un tiempo. Todo lo que se hace esperar sabiamente en esta tierra promete una recompensa más adelante.
Los colores, amarillentos y amarronados sobre tierra, se mimetizan con este río.
La lenga todavía no ha despertado. Aún así es tan bella como siempre. Su fisonomía desprolija te cuenta de las huellas del contacto con algo límite. El frío y el viento fueguinos.
Lo límite no permite la belleza excelsa de otras especies cordilleranas de zonas más cálidas. Pero contribuye a esta belleza única y salvaje, que está reservada sólo a lo alto en otros lugares. Aquellas alturas donde danzan los cóndores, y donde gana la resistencia de los fuertes.
De eso te habla Tierra del Fuego todo el tiempo, de la calidad de su belleza. Oculta en lo aparentemente caótico y en la aparente desprolijidad de lo salvaje.
Es intensa en sus matices. Donde quiera que navegues, camines, sentirás ese poder, que sobrecoge, subyuga por momentos, conmueve la esencia e inspira a sentirse vivo…
Moni
viernes, 1 de octubre de 2010
La esencia de un sueño
Ir tras un sueño en la vida es una motivación muy importante, pero no es lo más importante en la vida. O si? De qué están hechos los sueños? Con qué fibra de uno se conectan?
El espíritu aventurero nos lleva a embarcarnos y a desafiar expediciones o travesías en lugares muchas veces repasadas en los libros de verdaderos exploradores. Hay en nosotros un explorador oculto, un soñador, un apasionado. Pero fundamentalmente una persona, un ser con una mochila llena de cualidades, aspectos que nos definen y nos imprimen una forma de ser y sentir.
La realidad indica muchas veces que el destino de uno no va paralelo al de otros, por más que pareciera haber un punto en común. Por otro lado el soñador está guardado dentro del hombre cuya vida está encausada también en el carril mundano y práctico. Que a veces debe amalgamarse con los ideales, proyectos, y los sueños que guarda. Como consecuencia de esto no se cuenta con el tiempo ni los medios para dejar ser con total libertad a nuestra esencia aventurera más primitiva.
Se puede sin dudas, pero el camino será mas largo y sacrificado, no es para todos en estos tiempos.
Cuando la luz del sueño se encendió sin vacilar por primera vez, fue tímidamente al principio y a conciencia al final; no sabía por dónde empezar, habían muchas ideas revueltas pero sin ningún orden de la situación.
Fue Isla de los Estados la elegida. El lugar ya estaba designado hacía mucho, llegar a Chuanisin a remo, era para mí como devolver al Yamana una ofrenda de sacrificio, caminar en Caleta Lacroix tras los pasos de nuestro marino Don Luis Piedrabuena o sentir la presencia en bahía Crossley de Anne Chapman y de mi tío Celestino Varela haciéndole de baqueano hasta en el mismo cielo, esa era la gran motivación de cumplir esta empresa.
La expedición que soñé hoy está en la recta final y el camino recorrido mostró su verdadera esencia en todos los ámbitos posibles y me reveló de qué madera estoy hecho. Una prueba importante, un ámbito para nada cómodo. Una realidad sabia e innegable.
Me confronté con mi sueño alguna vez y le argumenté que había puesto quizás más de la cuenta. Obtuve la respuesta precisa: no todo depende de uno ni del sueño en sí mismo.
El sueño es quien me define, en principios, valores y cualidades. O quién soy y de qué estoy hecho define a mi sueño. No la expedición en sí misma, Isla de los Estados no es para ir a cualquier precio porque sí nomas, para mí es un lugar donde lo espiritual prevalece sobre lo básico de cumplir con el objetivo. No hay dudas, ni fallas, ni posibles desvíos en esto.
El camino que recorrí me enseñó y fortaleció en mis principios, hoy puedo conocerme un poco más y ver que lo que nació en mi puedo transmitirlo a mis hijos.
Mis dudas, el duelo de la autorenuncia me increpa por momentos y deja correr el manto de la desilusión que pretende convencer al soñador de que “el resultado al no ir es CERO”.
El mensaje por lo general llega tras caer, finalmente para comprender más adelante que sólo el egoísmo de lo básico es el que habla. EL egoísmo de cumplir con el sacrificio personal puesto en Expedición Yahgan es una mentira. Es el sacrificio de darle el valor y respeto a la esencia propia, esa es la gran verdad.
Mi destino me ha guiado con fuerza hasta aquí. Para decirme que el sueño tiene esencia, alma y sentido fuera de la ambición del logro personal, fuera de toda especulación humana. Y como tal hoy sólo me dejo llevar por lo que éste me tenga deparado, siguiendo el camino del aprendizaje del kayak que es mi pasión, paralelo al del ser que pretendo ser, pues van por la misma vía. Nunca lo supe tanto hasta transitar el camino de Expedición Yahgan.
El soñador permanece soñando, con otras empresas de magnitud en las cuales embarcarse.
El balance siempre será positivo, desde la óptica en que se lo mire. La decisión acertada y correcta en mi etapa madurativa. El dolor del duelo de un sueño altamente anhelado convivirá conmigo por un tiempo, con ese sabor amargo que no es muerte ni el fin. Las cosas cuando tienen que pasar, suceden. No se altera el camino del destino. Y si hubo errores el mensaje es saber capitalizarlos.
Las decisiones duras, valen en sí mismas. No tal vez en el momento, sí en el futuro. Con la misma integridad que defendí mi sueño, confié y me apoyé en El, defendí y apoyé el kayakista que intento ser. La responsabilidad que brindé en cada compromiso es la misma que brindé ante el compromiso que tengo con mi ser y con lo que deseo dejar a los otros...
Por todo esto los sueños jamás se anulan, la renuncia en pos de quien uno pretende ser en la vida es lo que no se posterga y finalmente te fortalece para sí seguir soñando que es el gran motorcito motivador en esta vida. La vida…que no es una empresa, donde los objetivos no siempre tienen que ser cumplidos. Conocernos, ver cómo, cuándo y en qué circunstancias nos embarcamos en los desafíos tal vez sea en realidad la gran expedición. Madurar la cabeza y el temple para tomar la decisión correcta para mí es el gran camino al éxito personal e interior.
El espíritu aventurero nos lleva a embarcarnos y a desafiar expediciones o travesías en lugares muchas veces repasadas en los libros de verdaderos exploradores. Hay en nosotros un explorador oculto, un soñador, un apasionado. Pero fundamentalmente una persona, un ser con una mochila llena de cualidades, aspectos que nos definen y nos imprimen una forma de ser y sentir.
La realidad indica muchas veces que el destino de uno no va paralelo al de otros, por más que pareciera haber un punto en común. Por otro lado el soñador está guardado dentro del hombre cuya vida está encausada también en el carril mundano y práctico. Que a veces debe amalgamarse con los ideales, proyectos, y los sueños que guarda. Como consecuencia de esto no se cuenta con el tiempo ni los medios para dejar ser con total libertad a nuestra esencia aventurera más primitiva.
Se puede sin dudas, pero el camino será mas largo y sacrificado, no es para todos en estos tiempos.
Cuando la luz del sueño se encendió sin vacilar por primera vez, fue tímidamente al principio y a conciencia al final; no sabía por dónde empezar, habían muchas ideas revueltas pero sin ningún orden de la situación.
Fue Isla de los Estados la elegida. El lugar ya estaba designado hacía mucho, llegar a Chuanisin a remo, era para mí como devolver al Yamana una ofrenda de sacrificio, caminar en Caleta Lacroix tras los pasos de nuestro marino Don Luis Piedrabuena o sentir la presencia en bahía Crossley de Anne Chapman y de mi tío Celestino Varela haciéndole de baqueano hasta en el mismo cielo, esa era la gran motivación de cumplir esta empresa.
La expedición que soñé hoy está en la recta final y el camino recorrido mostró su verdadera esencia en todos los ámbitos posibles y me reveló de qué madera estoy hecho. Una prueba importante, un ámbito para nada cómodo. Una realidad sabia e innegable.
Me confronté con mi sueño alguna vez y le argumenté que había puesto quizás más de la cuenta. Obtuve la respuesta precisa: no todo depende de uno ni del sueño en sí mismo.
El sueño es quien me define, en principios, valores y cualidades. O quién soy y de qué estoy hecho define a mi sueño. No la expedición en sí misma, Isla de los Estados no es para ir a cualquier precio porque sí nomas, para mí es un lugar donde lo espiritual prevalece sobre lo básico de cumplir con el objetivo. No hay dudas, ni fallas, ni posibles desvíos en esto.
El camino que recorrí me enseñó y fortaleció en mis principios, hoy puedo conocerme un poco más y ver que lo que nació en mi puedo transmitirlo a mis hijos.
Mis dudas, el duelo de la autorenuncia me increpa por momentos y deja correr el manto de la desilusión que pretende convencer al soñador de que “el resultado al no ir es CERO”.
El mensaje por lo general llega tras caer, finalmente para comprender más adelante que sólo el egoísmo de lo básico es el que habla. EL egoísmo de cumplir con el sacrificio personal puesto en Expedición Yahgan es una mentira. Es el sacrificio de darle el valor y respeto a la esencia propia, esa es la gran verdad.
Mi destino me ha guiado con fuerza hasta aquí. Para decirme que el sueño tiene esencia, alma y sentido fuera de la ambición del logro personal, fuera de toda especulación humana. Y como tal hoy sólo me dejo llevar por lo que éste me tenga deparado, siguiendo el camino del aprendizaje del kayak que es mi pasión, paralelo al del ser que pretendo ser, pues van por la misma vía. Nunca lo supe tanto hasta transitar el camino de Expedición Yahgan.
El soñador permanece soñando, con otras empresas de magnitud en las cuales embarcarse.
El balance siempre será positivo, desde la óptica en que se lo mire. La decisión acertada y correcta en mi etapa madurativa. El dolor del duelo de un sueño altamente anhelado convivirá conmigo por un tiempo, con ese sabor amargo que no es muerte ni el fin. Las cosas cuando tienen que pasar, suceden. No se altera el camino del destino. Y si hubo errores el mensaje es saber capitalizarlos.
Las decisiones duras, valen en sí mismas. No tal vez en el momento, sí en el futuro. Con la misma integridad que defendí mi sueño, confié y me apoyé en El, defendí y apoyé el kayakista que intento ser. La responsabilidad que brindé en cada compromiso es la misma que brindé ante el compromiso que tengo con mi ser y con lo que deseo dejar a los otros...
Por todo esto los sueños jamás se anulan, la renuncia en pos de quien uno pretende ser en la vida es lo que no se posterga y finalmente te fortalece para sí seguir soñando que es el gran motorcito motivador en esta vida. La vida…que no es una empresa, donde los objetivos no siempre tienen que ser cumplidos. Conocernos, ver cómo, cuándo y en qué circunstancias nos embarcamos en los desafíos tal vez sea en realidad la gran expedición. Madurar la cabeza y el temple para tomar la decisión correcta para mí es el gran camino al éxito personal e interior.
Marcelo Rosado
jueves, 30 de septiembre de 2010
El kayakista en mi
También se da el crecimiento en la actividad. La conciencia de qué tan necesarios son otros parámetros para medir la propia seguridad y la que uno le puede aportar al grupo.
En esta vida, como en todo, cada kayakista observa y elige con qué se queda, amén del ABC, los básicos cuando se habla de técnica, equipo, vestimenta, etc. Porque cada uno elige donde quiere ir, o porque el kayak lo lleva a un camino propio.
Cuanto más me sumerjo en el mundo del kayakismo que yo llamo exterior, más caigo en la cuenta de qué tan diferentes pueden ser las perspectivas, opiniones y elecciones.
Hasta hace un tiempo tuve la marcada inquietud de autodiagnosticarme. Para obtener de allí un concepto de seguridad buscando un estado mental sobre el cual pudiera trabajar para ser mejor en todo sentido. Sin poder evitar por momentos la comparación, con quienes parecen ir más adelante en experiencia y técnica. Como para establecer también un parámetro claro del que asirse para plantarse y decir: esta soy yo, acá estoy, tengo esto... pero me falta todo aquello…
Se termina mezclando una necesidad de autocalificación para ser serio en el trabajo con la posición en un mundo altamente competitivo que no creo aporte mucho, sólo si hace a la reflexión.
El hombre tiene la máquina en el cuerpo, y la mente, con las cuales se lanza a interactuar con los elementos naturales. Su mente es tal vez su arma, su carga, y su capital más valioso e importante. Su técnica es la capacidad de explotar, acompañar la naturaleza de la embarcación, para estar acorde a ciertas condiciones de navegación.
La mente es el elemento más fuerte y el más débil también, sobre el cual enfoco toda mi energía y atención siempre. Para definir qué clase de kayakista quiero ser en el agua y también qué puedo compartir con otros, qué deseo transmitir a la gente que se ha subido a un bote y ha experimentado bienestar y paz. Me enfoco en la mente porque por ser débil puede ser acechada no sólo por el miedo navegando, también por otros fantasmas más nocivos que éste.. Tal vez el miedo a veces sea sabio.
La pasión es un fuerte móvil para trabajar hoy. Tierra del Fuego el preciado medio en que me ha tocado interactuar. Un medio con carácter firme y constante. Donde ciertos factores se tornan vitales, si uno desea ingresar más en los dominios de ese espíritu del que siempre hablo. El espíritu que respeto por sobre todo. Por sobre toda técnica, la tecnología, el hombre y sus circunstancias…En mi opinión la última palabra la tiene y tendrá la naturaleza siempre, como ya he dicho y me ha tocado ver en alguna oportunidad.
El medio es perfecto, simplemente en la forma en que es. El hombre es el elemento débil, defectuoso y objeto de trabajo. Su motor puede ser trabajado, pero su mente es un elemento tan delicado que puede albergar los más variados matices, no siempre llevándolo a buen puerto.
Mi reflexión hoy es: qué clase de kayakista quiero ser primariamente en mi mente para intentar cerrar otros aspectos luego.
Qué tomo y qué descarto. Qué parece ser necesario y qué está demás.
Qué es lo válido en la actividad y qué no.
Hay tantas cosas estandarizadas en la actividad y una tan única. El ser humano. Diferente a todo. Arrogante frente a la naturaleza. Egocéntrico frente a sus pares. Absoluto frente a sí mismo y frente a ese medio inconstante y cambiante al que se ha aventurado.
Cuanto más leo, más escucho, más aprendo quien deseo ser.
Nada es tan absoluto frente a lo natural. Menos el hombre con su mente. Todo sirve en cuanto nos provea más seguridad o contribuya a la sensación de ella.
Soy de ese kayakista que prefiere las opciones, que descarta el ego, que prefiere suponerse débil, en vez de decir: "eso a mí no me pasa", para trabajar sobre la mente como entiendo que es fructífero hacerlo.
Quiero hacerme fuerte desde la noción de mis debilidades, con todas las opciones a mi alcance. Trabajando duro con ellas.
Acepto todo. No descarto nada. Porque frente a los elementos todo sirve, y puedo ser el paquete de diferentes destrezas, que se convertirán en más opciones cuando se me presente el desafío en el camino.
Sí descarto el mito, de la perfección de lo técnico, como único medio, al precio de otras destrezas.
Deseo sí trabajar la cabeza, el criterio, sentido común. Para abrirme a un número de alternativas. Mezclando y amalgamando componentes que aporten opciones que puedan encajar mejor, servir a este kayakista particular que soy.
La única forma que tengo de saber es la prueba, la práctica de todo aquello que pueda ser una opción. Mi meta es crecer, lograr tener técnicas de recuperación eficientes y confiables que funcionen cuando sea realmente necesario. Aquí, en Tierra del Fuego. Buscando el éxito consciente siempre de los factores que hacen a mi situación única, y tan particular como mi mente. El diseño de mi kayak, mi fuerza, agilidad, ropa, chaleco, nivel de energía, mi auto confianza, las condiciones de las aguas, el equipo disponible y mi técnica, mi conocimiento básico.
Deseo ser versátil, tanto como aquellas condiciones que pueden alterar o inhibir mis habilidades de autorescatarme sin salir del kayak o fuera de él, o en la asistencia de otros. Cuantas más formas de reingreso tenga más será mi éxito potencial.
Deseo sí ser definido como un kayakista que rema en Tierra del Fuego, las aguas que más respeto generan. Las que más prueban. Sin por ello descartar y clasificar aptos y no aptos. Son las aguas que mejor preparan, porque no dan tregua y llevan al camino de la instrucción indefectiblemente. Porque siempre le indican al hombre que no tiene la última palabra, que debe acompañar y acatar. Ser cauteloso, consciente, humilde, organizado. Y versátil, tanto como el clima fueguino.
Moni
lunes, 27 de septiembre de 2010
Reingreso y roll con flotador de pala
La forma más eficiente de auto-recuperación tras un vuelco es el roll. Sin embargo, más tarde o más temprano todos terminaremos en salidas fuera del kayak (wet exits). Si uno rema solo u otros en el grupo no pueden asistir, tener una forma confiable de volver a ingresar al kayak y hacerlo navegable nuevamente es una necesidad.
Una de las auto-recuperaciones (asumiendo la salida del kayak) es la recuperación con flotador de pala. Y una buena alternativa a la recuperación estándar con flotador de pala, que demanda el treparse desde el agua al kayak, es esta maniobra.
Toma una cierta cantidad de energía treparse al kayak, especialmente cuando se está usando mucha ropa. Cuanto más alta está la cubierta, más duro será el trabajo de uno al trepar. Es mucho menos complicado y trabajoso meterse dentro del kayak mientras se está en el agua y el kayak está dado vuelta. Por supuesto, esto implica colocar la cabeza bajo el agua. Si uno tiene a mano clips para la nariz, desaparece la incomodidad. Entonces sólo hay que trabajar en la actitud de inmersión.
Esta destreza no es de las difíciles con respecto al tema de la coordinación. Es más una una destreza mental que una destreza de coordinación. No requiere saber rolar, sólo conocer el movimiento básico. La elevación provista por el flotador de pala la convierte en algo realizable para quienes no rolan.
Una vez que se ha decidido qué método de reingreso se va a usar, colocamos el flotador de pala en la hoja de la pala e inflamos si es del tipo inflable. Los flotadores de espuma acortan el tiempo de inmersión en el agua. Los flotadores inflables generalmente tienen más flotación que los de espuma.
Si se deja una pierna en/dentro del cockpit se pueden tener ambas manos libres mientras se infla y se ajusta el flotador a la hoja de la pala. Con la pierna dentro del cockpit y ambas manos libres se puede mantener siempre contacto con el kayak, si bien no se recomienda esto en medio de corrientes de marea, zonas de rompiente o rocosas.
En el momento del reingreso se mantiene el flotador hacia la proa. Aprender a sostener ambos la pala y el cockpit no toma mucha práctica. La mejor forma es colocando el pie mientras se mantiene el kayak escorado. Aún mantenemos la cabeza sobre el agua. Solo necesitamos llevarla bajo el agua cuando estamos listos para deslizarnos dentro del cockpit.
También se puede mantener la pala entre el cuerpo y el brazo si es que no se puede agarrarla al mismo tiempo que el borde del cockpit. Fuera de cómo se maneje la pala, se necesitarán ambas manos a cada lado del cockpit para asegurarse el ingreso al cockpit. La mano más alejada de la pala será la que eventualmente dirigirá el movimiento.
Una vez que se está en el asiento con los pies en el apoyapiés y las rodillas bajo las musleras, es el momento de tomar la pala con ambas manos y empujar ambas manos hacia el cielo. Esta posición le permite a la pala barrer sin que la hoja descubierta se trabe cerca del kayak.
Luego de estirarse hacia el cielo ( lo que mantiene la pala paralela a la superficie), se barre el extremo del flotador manteniendo la pala perpendicular al kayak. La hoja de la pala descubierta irá por arriba del kayak mientras se hace el barrido.
Para enderezar el kayak, realizá el golpe de cadera con el flotador de soporte. El golpe de cadera es en realidad una acción de las piernas, que gira el kayak. A la mano que se encuentre más cerca del flotador le corresponderá el mismo muslo para girar el kayak, levantándolo contra la muslera. (mano derecha -muslo derecho)
Cuando se barre el flotador hacia un lado es importante no barrer pasados los 90 grados. La posición de 90 grados te da el soporte y la palanca máximos. Si vas más allá de los 90 grados, no sólo no perderás palanca sino que también correrás riesgo de lesión de hombro, mientras probablemente volverás a volcar.
Lo que se hunda el flotador dependerá de un número de factores que incluyen: la actual flotación del flotador, el peso del palista, la técnica del kayakista y la distancia del flotador con respecto del kayak.
Extender la pala hacia afuera del kayak puede darte más elevación. Sin embargo, no la pongas demasiado lejos porque podrías perder tu palanca dependiendo de tu técnica.
Pensemos en este movimiento como un enderezar el bote, NO de tirar hacia abajo la pala. Si uno se concentra en tirar hacia abajo puede negar el enfocarse en enderezar el kayak con la parte inferior del cuerpo.
Una vez arriba del kayak, momento de sacar al agua. Las condiciones dirán si se debe tener la pollera en el borde del cockpit o no. Si el agua está ingresando dentro debido a olas que rompen sobre la cubierta, entonces deberías ajustar la pollera.
Este es un buen momento para tomarse un momento de descanso para recuperarse uno mismo. Se puede descansar sobre el flotador de pala mientras se lo mantenga perpendicular al kayak. La clave es mantenerse balanceado hacia el flotador. Un vuelco en condiciones reales deja a muchos palistas descolocados. Si se está solo, se utilizará el flotador como soporte. Si se tiene a otros cerca, es bueno tener a dos o tres para hacer balsa hasta que se está listo para proceder.
Si descansás el antebrazo sobre la pala y sostenes la bomba de achique con la misma mano estarás inclinando el kayak hacia el flotador, lo que permitirá al agua escurrir hacia la bomba de achique. Esa misma mano puede sostener la bomba y pollera si es necesario. La mano libre hace el bombeo. Si esa se agota se puede hacer el cambio, pero girando la pala para tener el flotador del otro lado.
En días de aguas agitadas es imperativo disponer así de un soporte estable mientras se achica el agua.
Como en la recuperación con flotador de pala tradicional, la parte más inestable de la recuperación es cuando se desinfla y se coloca el flotador donde normalmente se lo guarda.
Relajando las caderas se puede sentir más balance que manteniendo tenso el cuerpo.
Esta técnica de recuperación no es difícil como puede aparentar. Mientras se esté apto para ingresar dentro del kayak mientras se está bajo el agua (5-10 segundos), se podría utilizar esta destreza. La ventaja de usarla es el no tener que trepar a cubierta.
Nuevamente, el propósito de esta auto- recuperación es reducir la cantidad de trabajo que el kayakista ejerce volviendo a entrar en su kayak. Una vez arriba se necesita achicar siempre. Otra ventaja es que el kayakista está listo para hacerlo cuando se incorpora. Es una posición muy segura.
Esta técnica es altamente recomendada cuando al palista no le agrada trepar a cubierta.
Una de las auto-recuperaciones (asumiendo la salida del kayak) es la recuperación con flotador de pala. Y una buena alternativa a la recuperación estándar con flotador de pala, que demanda el treparse desde el agua al kayak, es esta maniobra.
Toma una cierta cantidad de energía treparse al kayak, especialmente cuando se está usando mucha ropa. Cuanto más alta está la cubierta, más duro será el trabajo de uno al trepar. Es mucho menos complicado y trabajoso meterse dentro del kayak mientras se está en el agua y el kayak está dado vuelta. Por supuesto, esto implica colocar la cabeza bajo el agua. Si uno tiene a mano clips para la nariz, desaparece la incomodidad. Entonces sólo hay que trabajar en la actitud de inmersión.
Esta destreza no es de las difíciles con respecto al tema de la coordinación. Es más una una destreza mental que una destreza de coordinación. No requiere saber rolar, sólo conocer el movimiento básico. La elevación provista por el flotador de pala la convierte en algo realizable para quienes no rolan.
Una vez que se ha decidido qué método de reingreso se va a usar, colocamos el flotador de pala en la hoja de la pala e inflamos si es del tipo inflable. Los flotadores de espuma acortan el tiempo de inmersión en el agua. Los flotadores inflables generalmente tienen más flotación que los de espuma.
Si se deja una pierna en/dentro del cockpit se pueden tener ambas manos libres mientras se infla y se ajusta el flotador a la hoja de la pala. Con la pierna dentro del cockpit y ambas manos libres se puede mantener siempre contacto con el kayak, si bien no se recomienda esto en medio de corrientes de marea, zonas de rompiente o rocosas.
En el momento del reingreso se mantiene el flotador hacia la proa. Aprender a sostener ambos la pala y el cockpit no toma mucha práctica. La mejor forma es colocando el pie mientras se mantiene el kayak escorado. Aún mantenemos la cabeza sobre el agua. Solo necesitamos llevarla bajo el agua cuando estamos listos para deslizarnos dentro del cockpit.
También se puede mantener la pala entre el cuerpo y el brazo si es que no se puede agarrarla al mismo tiempo que el borde del cockpit. Fuera de cómo se maneje la pala, se necesitarán ambas manos a cada lado del cockpit para asegurarse el ingreso al cockpit. La mano más alejada de la pala será la que eventualmente dirigirá el movimiento.
Una vez que se está en el asiento con los pies en el apoyapiés y las rodillas bajo las musleras, es el momento de tomar la pala con ambas manos y empujar ambas manos hacia el cielo. Esta posición le permite a la pala barrer sin que la hoja descubierta se trabe cerca del kayak.
Luego de estirarse hacia el cielo ( lo que mantiene la pala paralela a la superficie), se barre el extremo del flotador manteniendo la pala perpendicular al kayak. La hoja de la pala descubierta irá por arriba del kayak mientras se hace el barrido.
Para enderezar el kayak, realizá el golpe de cadera con el flotador de soporte. El golpe de cadera es en realidad una acción de las piernas, que gira el kayak. A la mano que se encuentre más cerca del flotador le corresponderá el mismo muslo para girar el kayak, levantándolo contra la muslera. (mano derecha -muslo derecho)
Cuando se barre el flotador hacia un lado es importante no barrer pasados los 90 grados. La posición de 90 grados te da el soporte y la palanca máximos. Si vas más allá de los 90 grados, no sólo no perderás palanca sino que también correrás riesgo de lesión de hombro, mientras probablemente volverás a volcar.
Lo que se hunda el flotador dependerá de un número de factores que incluyen: la actual flotación del flotador, el peso del palista, la técnica del kayakista y la distancia del flotador con respecto del kayak.
Extender la pala hacia afuera del kayak puede darte más elevación. Sin embargo, no la pongas demasiado lejos porque podrías perder tu palanca dependiendo de tu técnica.
Pensemos en este movimiento como un enderezar el bote, NO de tirar hacia abajo la pala. Si uno se concentra en tirar hacia abajo puede negar el enfocarse en enderezar el kayak con la parte inferior del cuerpo.
Una vez arriba del kayak, momento de sacar al agua. Las condiciones dirán si se debe tener la pollera en el borde del cockpit o no. Si el agua está ingresando dentro debido a olas que rompen sobre la cubierta, entonces deberías ajustar la pollera.
Este es un buen momento para tomarse un momento de descanso para recuperarse uno mismo. Se puede descansar sobre el flotador de pala mientras se lo mantenga perpendicular al kayak. La clave es mantenerse balanceado hacia el flotador. Un vuelco en condiciones reales deja a muchos palistas descolocados. Si se está solo, se utilizará el flotador como soporte. Si se tiene a otros cerca, es bueno tener a dos o tres para hacer balsa hasta que se está listo para proceder.
Si descansás el antebrazo sobre la pala y sostenes la bomba de achique con la misma mano estarás inclinando el kayak hacia el flotador, lo que permitirá al agua escurrir hacia la bomba de achique. Esa misma mano puede sostener la bomba y pollera si es necesario. La mano libre hace el bombeo. Si esa se agota se puede hacer el cambio, pero girando la pala para tener el flotador del otro lado.
En días de aguas agitadas es imperativo disponer así de un soporte estable mientras se achica el agua.
Como en la recuperación con flotador de pala tradicional, la parte más inestable de la recuperación es cuando se desinfla y se coloca el flotador donde normalmente se lo guarda.
Relajando las caderas se puede sentir más balance que manteniendo tenso el cuerpo.
Esta técnica de recuperación no es difícil como puede aparentar. Mientras se esté apto para ingresar dentro del kayak mientras se está bajo el agua (5-10 segundos), se podría utilizar esta destreza. La ventaja de usarla es el no tener que trepar a cubierta.
Nuevamente, el propósito de esta auto- recuperación es reducir la cantidad de trabajo que el kayakista ejerce volviendo a entrar en su kayak. Una vez arriba se necesita achicar siempre. Otra ventaja es que el kayakista está listo para hacerlo cuando se incorpora. Es una posición muy segura.
Esta técnica es altamente recomendada cuando al palista no le agrada trepar a cubierta.
sábado, 18 de septiembre de 2010
El camino interior del roll
Siempre reflexiono que hacer kayak haya sido tal vez la experiencia que más me haya enseñado de mi misma. He descubierto más aspectos ocultos de mi ser, de mi esencia navegando o en tierra con él, que en cualquier otra actividad o papel.
En mi visión es un vergel necesario de posibilidades que me llevan más allá de la comodidad de la superficie, la superficie que tienta al ser humano a permanecer en lo que cree que es su control maestro de todo.
Desde el punto espiritual me induce un estado de reflexión necesaria para ser mejor, más equilibrada naturalmente por el acceso a ese contacto con el origen, que es revelador...la conciencia de qué tan pequeños somos en el ser parte de todo…
Desde el manejo de la técnica, me incita a dejar de lado ópticas o posturas que no aporten, me instruye a ser disciplinada, constante, correcta. A ser integral, controlada, equilibrada.
Llegar a un contacto de primer plano con los elementos naturales en su pura esencia no fue gratuito, tal vez esa fue la primera enseñanza. Transitar el camino ineludible del miedo más básico, sola, con el Avatar como testigo y camarada. Para así asimilar desde el impulso de la pasión y desde la humildad, el mandamiento de prepararme técnicamente para exprimir el “camino del kayak” lo más plenamente posible y para hacerlo seguro como está entendido que sea.
En mi camino personal de kayakista las técnicas llegaron después de un tiempo, llegaron cuando tenían que llegar, como digo. El kayak se nos va metiendo adentro, y nos va mostrando el camino, SU CAMINO. Nos va definiendo a nosotros mismos, pero fundamentalmente nos moldea, por momentos nos permite elevarnos, luego nos corrige bruscamente, cayendo al agua.
Caer al agua, volcar, para mí jamás fue sinónimo de derrota, como cuando me inicié se dejaba entrever a mi alrededor.
Sin embargo, asumí que no es sólo casualidad del destino que en esta actividad el “alumno” que posa su humanidad en el compañero, deba precisamente caer al agua y ser desprendido del kayak, quedarse solo. Prefiero verlo como una enseñanza. Se debe aprender desde abajo.
Alguna vez observé que cuanta más soberbia o necesidad de aprobación exterior mostraba un palista más rápido volcaba. Cuanto más creía poseer “la habilidad” o la “capacidad” de llevarlo, más parecía el bote querer deshacerse del kayakista.
Algunos pensarán, cuestión de técnica.
En mi opinión, hay un camino por recorrer, paralelo a los fundamentos de la técnica.
Un camino que todos transitamos, a nuestra manera. Algunos no tan conscientes de ello. Pero todos fuimos, somos y seremos probados más de una vez. En lo técnico, en lo espiritual y en lo esencial. Sobre el kayak, frente a los elementos… Y no siempre la última palabra la tendrá la técnica, el hombre. La última palabra la tendrá la naturaleza, frente a quien somos insignificantes y no tenemos control.
Tampoco es casualidad que en materia de técnica, y en el “camino del kayak” el roll sea una cuestión muy mental.
Transito hace un tiempo el camino del aprendizaje. De una técnica milenaria que el Inuit no dejaba de practicar nunca porque de ello dependía su supervivencia. Captaba su atención hasta en los momentos de ocio, en pos del manejo maestro del cuerpo que era imprescindible.
Este camino me ha enseñado mucho más de lo que creía. Me mostró lo necesario que es el equilibrio mental para articular una serie de pasos, maniobras que de no hacerlo así, el resultado siempre será el mismo. No importa mi frustración, mi alegría. Lo que logré antes, lo que no logro hoy.
Me enseñó que aún cuando puedo recuperar mi kayak y cuerpo, no siempre ha sido en una técnica limpia y suave. No puedo depender del control de la fuerza, y la musculación de los movimientos, pues eso no es control.
No importa si remo hace años o hace poco. Aquí soy un aprendiz.
No importa si lo dominé en pileta climatizada, aún falta la condición real, y aún así, el camino es largo hasta un día acabar en la situación verídica de combate.
Allí no importa el auditorio, estaré solo. Con mi stress, mi miedo, mi desgate, frente a mi cabeza, mi propio juego mental.
El roll es algo delicadamente caprichoso, en mi opinión. También prueba al alumno de una manera muy eficaz. No se puede tenerlo porque uno lo decide, hay que llegar a él, a través de su camino.
No soy quien domina nada desde mi pericia. Tengo que asimilar el bote, sentirme uno con él, asimilar el agua, interactuar con ellos. Ser parte para entender que no lo manejo todo, que no tengo poder.
Debo intentar controlar mi mente, para frenarla cuando se dispara en la soberbia de sentirse avezada, o en el miedo de creer que no lo lograré y la vergüenza de fallar una vez más...
Debo tener la humildad de asumir que el bote y el elemento danzarán al unísono, sin complejos. Que yo me constituiré el elemento defectuoso toda vez que no logre incorporarme en la superficie.
Debo entender que no se trata de pericia, de ser bueno, mejor o maestro. Hay un solo camino y es el trabajo a conciencia y disciplinado.
Buscando respuestas a los momentos de frustración, encontré las palabras de un compañero más experimentado que aportaron claridad para entender cómo opera el roll en nuestra cabeza y que me gustaría compartir, su artículo se llama:
EL JUEGO MENTAL DE ROLAR
“El fin de semana pasado estaba repasando un DVD de roll con uno de mis estudiantes. El había aprendido a rolar hace poco. Me preguntó por qué a veces no salía. Mi respuesta fue: “rolar es una habilidad mental más que una habilidad física”. Luego de mi respuesta un compañero de remadas me pidió, por teléfono, que lo ayudara con su roll. Me dijo que estaba perdiendo algunos de sus rolls últimamente. Le dije que esto era una coincidencia, porque justo estaba hablando de este problema. Le pregunté: “sabés cómo rolar”?. El respondió sí. Le dije que cuando lo había visto fallar un roll fue porque estaba ansioso o lo estaba apurando. Le hice algunas sugerencias para relajarse y técnicas que pueden contrarrestar los errores que cometemos cuando nos tensionamos. El dijo que lo intentaría en el fin de semana. Esta es una parte del email que me envió. “Tenías razón. Mi problema de roll era mental. Ayer, algunos fuimos a practicar en aguas cálidas (cerca de los 26,7 grados). Mi primer intento de roll fue sólo eso. Me di cuenta entonces que la pala se hundía porque la estaba agarrando demasiado fuerte. Luego de ello comencé a relajar el agarre y todo funcionó. Inclusive tuve un roll donde comencé a subir mi cabeza y me vi volviendo otra vez abajo. Volví mi cabeza para mantenerla mirando la pala y extendí el barrido un poco más, y terminé arriba”.
He enseñado a cientos de personas a rolar con éxito sus kayaks. Soy un estudiante de la observación. Me gusta descubrir los pequeños matices que pueden aumentar o disminuir la performance. Soy un firme creyente de que una vez que el palista aprende la mecánica del roll el éxito de él o ella en ejecutar su roll un día cualquiera en cualquier condición dada será su actitud mental.
Otro buen ejemplo del” juego mental del rolar” está en mi equipo de enseñanza. Tengo esta gente de escuela, todos ellos en muy buena forma y ágiles. Ellos están haciendo el roll con sólo 5 minutos de instrucción. Diez minutos más tarde están ejecutando el roll de su lado débil y tienen el descaro de preguntar “cómo hago un roll con manos”. Carajo, me tomó unos cuantos años descifrar el roll y muchos años más después de eso antes de que el roll con manos fuera aún una posibilidad. Sin embargo, una vez que los saco de una piscina cálida y tranquila y los coloco en el oleaje del océano es impresionante cómo muchos de ellos pierden sus rolls y nadan. Ellos conocen la mecánica pero el cambio del ambiente parece causar ansiedad, lo que se traduce en un roll fallido. Aún así, con tiempo se convierten en expertos en roll en oleaje.
Luego llevo estos kayakistas con su roll en oleaje al río en primavera. El agua fría del hielo derretido, los rápidos, un golpe ocasional de una piedra en el casco cuando están boca abajo causa a muchos de estos profesionales del roll a tener salidas del kayak (wet exits) y nadar hacia costa porque, o fallaron en su roll, o ni siquiera intentaron la posición inicial para uno. Por supuesto, con el tiempo, ellos se sienten cómodos en el ambiente del río y sus rolls regresan.
La única explicación consistente que puedo encontrar para estos kayakistas que fallan su roll es que la ansiedad está afectando su performance, lo que es común en cualquiera que esté desarrollando una habilidad o destreza. Cuáles son los errores comunes que cometemos cuando estamos ansiosos y perdemos nuestros rolls?
Cuando examinamos el roll éste es muy simple en concepto. Usar el soporte de la pala que te va a permitir girar, rolar tu kayak hacia arriba y luego permitir que el cuerpo y cabeza sigan detrás. Entonces, dónde aparecen los problemas? Primero, el roll va en contra del sentido común. Porque respiramos aire es simplemente natural querer traer la cabeza primero para tomar algo de aire. Además, la idea de salir, de emerger naturalmente lleva a sacar primero la cabeza hacia arriba. Decirle a alguien que salga del fondo del agua primero seguido por el torso con la cabeza siendo lo último parece antinatural. Esto se convierte aún en una preocupación mayor cuando nos ponemos ansiosos como si nos estuviéramos quedando sin aire.
A menos que seas esa clase de persona que se asusta por completo al ir bajo el agua, contener la respiración al menos quince segundos no es una tarea importante. En quince segundos es relativamente fácil buscar la posición inicial y tratar de ejecutar dos rolls y aún tener tiempo para un tercer intento o hacer una salida del kayak. De allí, que un roll fallido no puede ser justificado por falta de aire.
Los errores claves que he presenciado cuando los rolls fallan debido a la ansiedad son los siguientes:
1. Cabeza que sube primero para obtener aire. Tu mantra debe ser “cabeza a lo último”
2. Apurarse para ejecutar el roll en vez de tomarse dos segundos extra para posicionarse correctamente en la posición inicial. La pala parece irse fuera de curso o rumbo cuando no se comienza en la línea correcta de inicio.
3. Un agarre fuertísimo de la pala usualmente lleva a tironearla en vez de barrerla(si es un sweep roll). Un agarre muy fuerte también lleva a hundir muy profundo la pala si estás intentando un roll C to C. Un agarre tenso a menudo se traduce en un codo quebrado o doblado, que acorta tu alcance. Mantengo mis dedos sueltos en la mano que lidera el movimiento así puedo realmente estirarme y llevar mi hoja a la superficie.
4. La tensión total del cuerpo en vez de estar suelto, relajado. Cuando las condiciones se ponen difíciles y empiezo a sentir esa ansiedad que se está generando, me gusta liberar algo de esa energía exagerando ciertos movimientos. Cuando siento mis músculos del tronco tensionándose me gusta mover mis caderas de lado a lado lo más rápido que puedo para ayudar a liberar esa tensión.
5. El diálogo interno negativo no te va a sacar arriba. Una de mis frases favoritas es del libro “Ilusiones” de Richard Bach. “ Argumenta tus limitaciones y ellas serán tuyas”. Sé que si me pongo nervioso y digo “no quiero quemar este roll” o “sé que no voy a sacar este roll” o “no quiero fallar este roll en frente de mis amigos”, mi éxito será cuestionable desde el comienzo. Pensá en positivo. Cuando de golpe te vuelques, tomá un respiro normal antes de sumergirte y colocate en la posición inicial y luego sonreí mientras te visualices a vos mismo haciendo el roll perfecto. Luego llevá a cabo tu roll de una forma relajada. Tendrás una chance mayor de éxito.
Ciertamente hay otra clase de errores que se realizan pero los que mencioné parecen ser las mayores piedras en el camino con las que lidiamos y que nos llevan a no completar nuestro roll aún cuando sabemos cómo hacerlo. También estoy de acuerdo con aquellos que argumentan que algunas condiciones extremas pueden afectar un roll normal como las olas rompiendo, quedar enganchado contra un obstáculo y las aguas muy frías (equilibrio del oído interno) para nombrar las más comunes. Sin embargo, la mayor parte del tiempo cuando fallamos un roll, debo pensar que estamos lidiando con algún tipo de sabotaje interno.
El concepto de “roll a prueba de bombas” es una búsqueda válida. Sin embargo, debo decir que mi experiencia con algunos de los mejores palistas en el mundo me ha mostrado que todos nadan más temprano o más tarde.
Por lo tanto, deberías tener habilidades de recuperación en vuelco confiables si tenés que hacer una salida del bote porque te encontraste con que ese particular día estás fuera de tu juego. El juego al que me estoy refiriendo es por supuesto el juego mental de rolar. “
Wayne Horodowich
En mi visión es un vergel necesario de posibilidades que me llevan más allá de la comodidad de la superficie, la superficie que tienta al ser humano a permanecer en lo que cree que es su control maestro de todo.
Desde el punto espiritual me induce un estado de reflexión necesaria para ser mejor, más equilibrada naturalmente por el acceso a ese contacto con el origen, que es revelador...la conciencia de qué tan pequeños somos en el ser parte de todo…
Desde el manejo de la técnica, me incita a dejar de lado ópticas o posturas que no aporten, me instruye a ser disciplinada, constante, correcta. A ser integral, controlada, equilibrada.
Llegar a un contacto de primer plano con los elementos naturales en su pura esencia no fue gratuito, tal vez esa fue la primera enseñanza. Transitar el camino ineludible del miedo más básico, sola, con el Avatar como testigo y camarada. Para así asimilar desde el impulso de la pasión y desde la humildad, el mandamiento de prepararme técnicamente para exprimir el “camino del kayak” lo más plenamente posible y para hacerlo seguro como está entendido que sea.
En mi camino personal de kayakista las técnicas llegaron después de un tiempo, llegaron cuando tenían que llegar, como digo. El kayak se nos va metiendo adentro, y nos va mostrando el camino, SU CAMINO. Nos va definiendo a nosotros mismos, pero fundamentalmente nos moldea, por momentos nos permite elevarnos, luego nos corrige bruscamente, cayendo al agua.
Caer al agua, volcar, para mí jamás fue sinónimo de derrota, como cuando me inicié se dejaba entrever a mi alrededor.
Sin embargo, asumí que no es sólo casualidad del destino que en esta actividad el “alumno” que posa su humanidad en el compañero, deba precisamente caer al agua y ser desprendido del kayak, quedarse solo. Prefiero verlo como una enseñanza. Se debe aprender desde abajo.
Alguna vez observé que cuanta más soberbia o necesidad de aprobación exterior mostraba un palista más rápido volcaba. Cuanto más creía poseer “la habilidad” o la “capacidad” de llevarlo, más parecía el bote querer deshacerse del kayakista.
Algunos pensarán, cuestión de técnica.
En mi opinión, hay un camino por recorrer, paralelo a los fundamentos de la técnica.
Un camino que todos transitamos, a nuestra manera. Algunos no tan conscientes de ello. Pero todos fuimos, somos y seremos probados más de una vez. En lo técnico, en lo espiritual y en lo esencial. Sobre el kayak, frente a los elementos… Y no siempre la última palabra la tendrá la técnica, el hombre. La última palabra la tendrá la naturaleza, frente a quien somos insignificantes y no tenemos control.
Tampoco es casualidad que en materia de técnica, y en el “camino del kayak” el roll sea una cuestión muy mental.
Transito hace un tiempo el camino del aprendizaje. De una técnica milenaria que el Inuit no dejaba de practicar nunca porque de ello dependía su supervivencia. Captaba su atención hasta en los momentos de ocio, en pos del manejo maestro del cuerpo que era imprescindible.
Este camino me ha enseñado mucho más de lo que creía. Me mostró lo necesario que es el equilibrio mental para articular una serie de pasos, maniobras que de no hacerlo así, el resultado siempre será el mismo. No importa mi frustración, mi alegría. Lo que logré antes, lo que no logro hoy.
Me enseñó que aún cuando puedo recuperar mi kayak y cuerpo, no siempre ha sido en una técnica limpia y suave. No puedo depender del control de la fuerza, y la musculación de los movimientos, pues eso no es control.
No importa si remo hace años o hace poco. Aquí soy un aprendiz.
No importa si lo dominé en pileta climatizada, aún falta la condición real, y aún así, el camino es largo hasta un día acabar en la situación verídica de combate.
Allí no importa el auditorio, estaré solo. Con mi stress, mi miedo, mi desgate, frente a mi cabeza, mi propio juego mental.
El roll es algo delicadamente caprichoso, en mi opinión. También prueba al alumno de una manera muy eficaz. No se puede tenerlo porque uno lo decide, hay que llegar a él, a través de su camino.
No soy quien domina nada desde mi pericia. Tengo que asimilar el bote, sentirme uno con él, asimilar el agua, interactuar con ellos. Ser parte para entender que no lo manejo todo, que no tengo poder.
Debo intentar controlar mi mente, para frenarla cuando se dispara en la soberbia de sentirse avezada, o en el miedo de creer que no lo lograré y la vergüenza de fallar una vez más...
Debo tener la humildad de asumir que el bote y el elemento danzarán al unísono, sin complejos. Que yo me constituiré el elemento defectuoso toda vez que no logre incorporarme en la superficie.
Debo entender que no se trata de pericia, de ser bueno, mejor o maestro. Hay un solo camino y es el trabajo a conciencia y disciplinado.
Buscando respuestas a los momentos de frustración, encontré las palabras de un compañero más experimentado que aportaron claridad para entender cómo opera el roll en nuestra cabeza y que me gustaría compartir, su artículo se llama:
EL JUEGO MENTAL DE ROLAR
“El fin de semana pasado estaba repasando un DVD de roll con uno de mis estudiantes. El había aprendido a rolar hace poco. Me preguntó por qué a veces no salía. Mi respuesta fue: “rolar es una habilidad mental más que una habilidad física”. Luego de mi respuesta un compañero de remadas me pidió, por teléfono, que lo ayudara con su roll. Me dijo que estaba perdiendo algunos de sus rolls últimamente. Le dije que esto era una coincidencia, porque justo estaba hablando de este problema. Le pregunté: “sabés cómo rolar”?. El respondió sí. Le dije que cuando lo había visto fallar un roll fue porque estaba ansioso o lo estaba apurando. Le hice algunas sugerencias para relajarse y técnicas que pueden contrarrestar los errores que cometemos cuando nos tensionamos. El dijo que lo intentaría en el fin de semana. Esta es una parte del email que me envió. “Tenías razón. Mi problema de roll era mental. Ayer, algunos fuimos a practicar en aguas cálidas (cerca de los 26,7 grados). Mi primer intento de roll fue sólo eso. Me di cuenta entonces que la pala se hundía porque la estaba agarrando demasiado fuerte. Luego de ello comencé a relajar el agarre y todo funcionó. Inclusive tuve un roll donde comencé a subir mi cabeza y me vi volviendo otra vez abajo. Volví mi cabeza para mantenerla mirando la pala y extendí el barrido un poco más, y terminé arriba”.
He enseñado a cientos de personas a rolar con éxito sus kayaks. Soy un estudiante de la observación. Me gusta descubrir los pequeños matices que pueden aumentar o disminuir la performance. Soy un firme creyente de que una vez que el palista aprende la mecánica del roll el éxito de él o ella en ejecutar su roll un día cualquiera en cualquier condición dada será su actitud mental.
Otro buen ejemplo del” juego mental del rolar” está en mi equipo de enseñanza. Tengo esta gente de escuela, todos ellos en muy buena forma y ágiles. Ellos están haciendo el roll con sólo 5 minutos de instrucción. Diez minutos más tarde están ejecutando el roll de su lado débil y tienen el descaro de preguntar “cómo hago un roll con manos”. Carajo, me tomó unos cuantos años descifrar el roll y muchos años más después de eso antes de que el roll con manos fuera aún una posibilidad. Sin embargo, una vez que los saco de una piscina cálida y tranquila y los coloco en el oleaje del océano es impresionante cómo muchos de ellos pierden sus rolls y nadan. Ellos conocen la mecánica pero el cambio del ambiente parece causar ansiedad, lo que se traduce en un roll fallido. Aún así, con tiempo se convierten en expertos en roll en oleaje.
Luego llevo estos kayakistas con su roll en oleaje al río en primavera. El agua fría del hielo derretido, los rápidos, un golpe ocasional de una piedra en el casco cuando están boca abajo causa a muchos de estos profesionales del roll a tener salidas del kayak (wet exits) y nadar hacia costa porque, o fallaron en su roll, o ni siquiera intentaron la posición inicial para uno. Por supuesto, con el tiempo, ellos se sienten cómodos en el ambiente del río y sus rolls regresan.
La única explicación consistente que puedo encontrar para estos kayakistas que fallan su roll es que la ansiedad está afectando su performance, lo que es común en cualquiera que esté desarrollando una habilidad o destreza. Cuáles son los errores comunes que cometemos cuando estamos ansiosos y perdemos nuestros rolls?
Cuando examinamos el roll éste es muy simple en concepto. Usar el soporte de la pala que te va a permitir girar, rolar tu kayak hacia arriba y luego permitir que el cuerpo y cabeza sigan detrás. Entonces, dónde aparecen los problemas? Primero, el roll va en contra del sentido común. Porque respiramos aire es simplemente natural querer traer la cabeza primero para tomar algo de aire. Además, la idea de salir, de emerger naturalmente lleva a sacar primero la cabeza hacia arriba. Decirle a alguien que salga del fondo del agua primero seguido por el torso con la cabeza siendo lo último parece antinatural. Esto se convierte aún en una preocupación mayor cuando nos ponemos ansiosos como si nos estuviéramos quedando sin aire.
A menos que seas esa clase de persona que se asusta por completo al ir bajo el agua, contener la respiración al menos quince segundos no es una tarea importante. En quince segundos es relativamente fácil buscar la posición inicial y tratar de ejecutar dos rolls y aún tener tiempo para un tercer intento o hacer una salida del kayak. De allí, que un roll fallido no puede ser justificado por falta de aire.
Los errores claves que he presenciado cuando los rolls fallan debido a la ansiedad son los siguientes:
1. Cabeza que sube primero para obtener aire. Tu mantra debe ser “cabeza a lo último”
2. Apurarse para ejecutar el roll en vez de tomarse dos segundos extra para posicionarse correctamente en la posición inicial. La pala parece irse fuera de curso o rumbo cuando no se comienza en la línea correcta de inicio.
3. Un agarre fuertísimo de la pala usualmente lleva a tironearla en vez de barrerla(si es un sweep roll). Un agarre muy fuerte también lleva a hundir muy profundo la pala si estás intentando un roll C to C. Un agarre tenso a menudo se traduce en un codo quebrado o doblado, que acorta tu alcance. Mantengo mis dedos sueltos en la mano que lidera el movimiento así puedo realmente estirarme y llevar mi hoja a la superficie.
4. La tensión total del cuerpo en vez de estar suelto, relajado. Cuando las condiciones se ponen difíciles y empiezo a sentir esa ansiedad que se está generando, me gusta liberar algo de esa energía exagerando ciertos movimientos. Cuando siento mis músculos del tronco tensionándose me gusta mover mis caderas de lado a lado lo más rápido que puedo para ayudar a liberar esa tensión.
5. El diálogo interno negativo no te va a sacar arriba. Una de mis frases favoritas es del libro “Ilusiones” de Richard Bach. “ Argumenta tus limitaciones y ellas serán tuyas”. Sé que si me pongo nervioso y digo “no quiero quemar este roll” o “sé que no voy a sacar este roll” o “no quiero fallar este roll en frente de mis amigos”, mi éxito será cuestionable desde el comienzo. Pensá en positivo. Cuando de golpe te vuelques, tomá un respiro normal antes de sumergirte y colocate en la posición inicial y luego sonreí mientras te visualices a vos mismo haciendo el roll perfecto. Luego llevá a cabo tu roll de una forma relajada. Tendrás una chance mayor de éxito.
Ciertamente hay otra clase de errores que se realizan pero los que mencioné parecen ser las mayores piedras en el camino con las que lidiamos y que nos llevan a no completar nuestro roll aún cuando sabemos cómo hacerlo. También estoy de acuerdo con aquellos que argumentan que algunas condiciones extremas pueden afectar un roll normal como las olas rompiendo, quedar enganchado contra un obstáculo y las aguas muy frías (equilibrio del oído interno) para nombrar las más comunes. Sin embargo, la mayor parte del tiempo cuando fallamos un roll, debo pensar que estamos lidiando con algún tipo de sabotaje interno.
El concepto de “roll a prueba de bombas” es una búsqueda válida. Sin embargo, debo decir que mi experiencia con algunos de los mejores palistas en el mundo me ha mostrado que todos nadan más temprano o más tarde.
Por lo tanto, deberías tener habilidades de recuperación en vuelco confiables si tenés que hacer una salida del bote porque te encontraste con que ese particular día estás fuera de tu juego. El juego al que me estoy refiriendo es por supuesto el juego mental de rolar. “
Wayne Horodowich
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





