miércoles, 15 de febrero de 2012

Punta Arenas - Ushuaia (Final)


Navegamos un canal Beagle muy tranquilo, pasamos isla Chair y terminamos acampando en una bahía chiquita pero muy linda, nos quedamos aquí porque éste era otro campamento que habían dejado los pescadores. A estas alturas del viaje el paisaje ya nos era más familiar, estábamos frente a la isla Gordon.

Ni bien llegamos escuchamos una dura pelea entre dos zorros, eran muy fuertes sus ladridos o gruñidos, estuvieron un buen rato así, hasta que se perdieron en el espeso bosque.

Mientras Javier y Fernando salieron a recorrer el lugar para conseguir agua dulce, yo me quedé con Sebastián pescando, gracias a que Javier había llevado su equipo de pesca. Después de un rato picó un róbalo, fue muy divertido sacar ese pescado del agua. Como teníamos suficiente comida no hacía falta sacrificarlo, así que le sacamos el anzuelo y lo devolvimos al canal.



CENANDO CON CHORROS DE BALLENAS

Estábamos cenando temprano unos fideos con hongos secos, y teníamos en frente una vista de las más formidables, chorros de ballenas que se elevaban muy altos y quedaban como suspendidos en el aire, dándole un efecto mágico al Beagle.
Fue una cena increíble, la naturaleza nos regalaba una velada con honores, estábamos ahí en un lugar lejos de la civilización, alimentándonos y observando el baile de esas ballenas. Fue algo vivido con mucha naturalidad por el Yamana, no hace mucho...
Era éste un espectáculo sólo para nosotros cuatro. Nunca nos dejamos de sorprender, por más que esto duró casi toda la tarde y parte de la noche.

La mañana siguiente fue espectacular, un día hermoso. Hace rato no despertábamos con tanta luz, así que salimos al agua con muy buen ánimo.
Yo por lo general, me separaba al principio del grupo, era algo instintivo en mí, es como que necesitaba navegar solitarimente para encontrarme en este viaje, siempre se daba de la misma forma.
 Somos seres individuales...siempre hay una sintonía interna, que primero debe encontrarse, para luego integrarse al resto.
Aquí en esta mañana, seguíamos viendo los chorros de ballena y yo no podia dejar de apuntar mi proa hacia el chorro mas próximo, había un fuerte deseo de vivir una experiencia intensa, algo que me marcara por dentro,  estaba en busca de una vivencia inolvidable.


 LAS MINKE Y LOS KAYAKISTAS


Pongo el título y me embarga una gran emoción, es algo que no se puede describir, algo que quedará en nuestras almas, no se puede definir, fue una comunión entre ellas y nosotros, conformamos una sola flota esa mañana. Fue una cosa tan pero tan impactante, navegar en ese silencio, cerca de animales tan grandes.


Las encontramos después de una hora de viaje. Nos deleitamos con estos cetáceos que son los más chicos pero que llegan a medir 9 metros, un animal increíble.
Creo que nos comunicamos de una forma muy especial, yo sé que ese día ellas estaban tan asombradas y felices como nosotros... tuve la sensación muy dentro de que navegábamos todos como seres vivos en la misma sincronicidad, el disfrutar del lugar...


Entramos muy de a poco a ganar la confianza necesaria para arrimarnos cada vez más, hasta que pasado un tiempo nos encontramos navegando a la par.
Emergían  a dos metros de nuestros kayaks, nunca teníamos la certeza por donde iban a aparacer... ; cada tanto nos pegamos unos tremendos sustos cuando resoplaban de golpe a nuestro lado. Esto le pasó a Sebastián,  que venía aconsejando a Fernando que se relajara y viva el momento..,  cuando le salió una bien al costado del kayak, que lo hizo temblar del miedo. Esto provocó una sola carcajada, al ver que al consejero le salió el tiro por la culata.



Si tuviera que responder qué fue lo más lindo del viaje, debo decir que éste fue el momento cúlmine. Jamás esperé vivir este tipo de experiencia, sabía que encontraría grandes glaciares y que aquello sería de lo más bello que podría ver, pero el viaje tenía este bonus extra, que supimos apreciarlo en toda su magnitud y quedará marcado por siempre en cada uno...
  Quizás el día de mañana alguno tenga la suerte de repetir esto, pero serán otras sensaciones, ni mejores ni peores, sólo será otra vivencia y otros sentimientos. Esa mañana quedamos prendidos de su aleta dorsal y todavía no nos podemos desprender de ese momento único. 


Seguimos navegando después de un buen rato de estar acompañados, cuando ya fue suficiente para ambos, nos separamos.
Ellas, canal adentro; nosotros fuimos en busca de una playa para tomar unos mates.

MI RINCON MARICON

Después de semejante experiencia se me abrió el portal emocional.Y fue aquí donde mientras los otros estaban de ronda de mate, se me ocurrió ir en busca de unas conchas de mejillón, unas tiras de sargazos y unas flores que había por ahí cerca; y me dispuse a armar un corazón con el nombre de Lara, mi hija, subrayado con flores.
Expedicionarios del siglo pasado llegaban a ver esto y les provocaría vómitos y convulsiones por lo que estarían presenciando.

Entre expedicionario y padre, de más está decir que soy primero padre y que lejos estoy de vivir de expedición en expedición.
Por eso mis hijos estaban siempre presentes, y esto era un mensaje no sólo para mi princesa, si no también para mi negro, que en ese momento se estaba mudando a Córdoba para dar inicio a una nueva vida universitaria, mientras que Agustín quedaba solo por la partida del hermano.

Uno no puede estar al margen de estos fuertes sentimientos, por más que se esté en plena travesía. Se tratan de dejar un poco de lado para dar lugar sólo al singular ser aventurero, pero es imposible desconectarse por completo de los seres queridos.


Después de dejar la playa adornada, seguimos viaje al este, estábamos muy motivados por el encuentro con las ballenas, así que sólo quedaba remar y remar hasta que aparezcan de a uno los glaciares. Estos habían sido la vedette del viaje hasta que terminamos remando con ballenas.
Pasamos el fiordo Pía y ya estábamos prácticamente en el freezer del Beagle; previo a esto pasamos a ver una hermosa cascadita sobre una pequeña bahía escondida.




HIELOS MILENARIOS

Llegamos a los glaciares, el primero fue el ventisquero Romanche, colgado sobre una piedra blanca, con una cascada imponente, esto sencillamente era de una belleza perfecta.



"Achalai my brother, se nos cae encima" 


Nos acercamos a la bahía y quedamos al pie del glaciar, estábamos tomando unas fotos cuando de repente se escuchó un fuertísimo estruendo. Se estaba desprendiendo un pedazo importante de hielo, nos faltaba tracción para salir lo más rápido y lejos de ese lugar. Sólo quedó Javier que, según su teoría, entre quedarse ahí y hacer diez metros el resultado sería el mismo.
Por suerte el hielo se empezó a desintegrar en pequeños pedazos contra las piedras, estos pedazos cuando llegaron al agua no repercutieron en nada, el ruido fue muy fuerte, y el susto que provocó eso fue muy grande.


El siguiente ventisquero sería el Alemania, éste estaba un poco más adentro, y si bien se podía apreciar desde el agua, no fue tan impactante como el Romanche. Con el Ventisquero Francia pasó lo mismo, el primero de todos fue por lejos el mejor.

VENTISQUERO ITALIA

A éste último lo separo del resto, por tener la particularidad de caer directamente al mar. La imagen es imponente, magnífica.
Cerca de estos hielos el aire se siente muy frío, y el agua se torna de un color turquesa. Es un lugar espectacular para llegar en nuestros silenciosos kayaks, ya que son templos naturales, y la mejor forma de llegar es en la misma paz que la energía del lugar transmite.


Después de una jornada exquisita fuimos en busca de nuestro lugar para descansar; éste sería Caleta Olla.  Como no podía ser de otra manera, éste era un hermoso lugar que usaban los barquitos o veleros para fondear. Aquí encontramos dos barquitos de pesca artesanal y otro que estaba en esa zona haciendo un relevamiento de algas para un estudio en un centro de Nueva York.
Aquí nos quedábamos, la distancia total recorrida ese día sería de casi 51 kilómetros, la jornada más larga de remo de todo este viaje. Costó dormirse de tanto repasar en nuestras mentes, las imágenes de las ballenas y de los glaciares.


 PUNTA YAMANA

Al siguiente día de navegación pensábamos pasar a saludar a la familia que se encontraba destinada en Punta Yámana y seguiríamos viaje.

Ni bien salimos de la caleta se hizo sentir el viento, estábamos tan resguardados que no lo habíamos percibido en toda la noche. Fue así que navegamos con un viento molesto pero no tan complicado para kayakear.
Para cuando llegamos a la Alcaldía de Punta Yámana la intensidad del viento se había incrementado. Habíamos hecho 8 kilómetros cuando nos recibió en el muelle Hans, el Alcalde del puesto, nos indicó donde dejar los kayaks y nos hizo pasar a su casa. No alcanzamos a bajar de los kayaks cuando apareció Karin, su esposa, que ya venía conversando a la distancia.

Como no podía ser de otra manera, en esta Alcaldía también nos esperaba un plato de lentejas muy rico; en su casa estaban sus hijos Martincito y su hija Joyce, ellos estaban felices de recibirnos y nosotros contentos de sentir ese genuino afecto.

Después de comer, miramos por la ventana y la cosa se estaba poniendo más fea, así que decidimos quedarnos un rato más para ver si aflojaba. Nos acordamos de que en la Alcaldía de Timbales nos habían comentado de que en este puesto no tenían agua, a causa de una rotura de la bomba. Así que indagamos y ofrecimos un intento de repararación del vaso del filtro que se había roto producto de la presión. Javier y Fernando metieron mano y trataron de repararlo con la fibra de vidrio que teníamos para eventuales roturas en los kayaks.


 La rotura fue reparada, pero la presión de la bomba era tal que rompió otra pieza de plástico, lamentablemente no se pudo dejar funcionando el agua como hubiésemos querido.


Esta familia nos preparó la "sopaipilla", nuestra torta frita. Ya estábamos entregados, ese día no remaríamos más, preferimos quedarnos con este maravillosa gente. Esto era parte del mismo viaje, un viaje donde se enlazaban ballenas, glaciares y gente que nos acogió y que nunca jamás olvidaremos.

Desde la ventana veíamos el escaso tráfico marítimo que pasaba frente a nosotros como en una avenida principal.


Dormimos a 200 metros del lugar en caleta Sonia, pero estuvimos todo el día en la Alcaldía que era el hogar de esta familia, que además estaba compuesta por Yámana, su perra, y una gata enrolada en la Armada Chilena que había estado prestando servicio anteriormente en las islas Wollaston, cazando ratas, y ahora estaba "designada" a cumplir tareas de acompañamiento para con esta familia de Punta Yámana.



Estábamos en la recta final de nuestro viaje, nos levantamos y salimos muy tranquilos y relajados, sabíamos que ese día tendríamos viento fuerte pero ya daba igual, si al fin y al cabo siempre remamos con más o menos viento.
Lo único que hicimos para poder remar en estas condiciones fue adicionarle una hoja de timón a mi kayak, ya que esto podía hacer que mantenga mejor el rumbo.

Los fuertes vientos se levantaron ni bien llegamos a la bahía Yendegaia, así que cruzamos todos muy juntos. Para la mitad del cruce ya se había puesto muy movido, había que estar atento a esas olas que nos reventaban de atrás.
En esta condición llegamos al Hito 24 que marca el límite fronterizo entre Chile y Argentina. Hasta aquí llegamos y eventualmente cruzamos forzadamente al lado argentino, y bajamos como pudimos sobre una entrada muy pequeña, armamos un último campamento sobre un sitio que no nos proveía de agua dulce y nosotros apenas si teníamos una reserva. 

 Estábamos tan cerca. Ya podíamos ver el aeropuerto, si no fuera porque teníamos que hacer migraciones en Navarino, podríamos haber llegado ese mismo día a Ushuaia, estábamos a tan sólo dos horas.

Nuestra elección fue terminar este viaje lo más prolijo posible, después de nosotros seguramente habrá más kayakistas remando esta ruta, por eso las puertas deben seguir abierta a los próximos, pero tener nuestro punto final a escasos kilómetros invitaba a pasar sin papeles, y después ver cómo solucionar el embrollo.

UN FINAL INESPERADO


Estábamos en la línea fronteriza y nos comunicamos con Diana Méndez. Todos sabíamos que estaba pronosticado muy mal clima por lo menos en el término de los siguientes tres días; de esta forma era imposible el cruce en kayak hasta Navarino. Analizando esta situación acordamos con Diana que ella nos pasaría a buscar al otro día con un semirrígido para cruzarnos a hacer migraciones en la isla de enfrente.

 Así que hicimos noche allí y esperamos que nos pasen a buscar al otro día muy temprano. El semirrígido apareció a las 05:00am con Diana y Fredy a bordo. Fue lindo verlos, dejamos el campamento armado, ya que la idea era volver al lugar para terminar lo que quedaba de nuestro viaje.

Gracias Diana una vez más, por estar con nosotros en este proyecto y brindarte al 100%. Pareciera que no alcanzarán jamás las palabras para hablar del agradecimiento que todos tenemos. Tal vez la mejor forma de hacerte un pequeño homenaje aquí, es dejar traslucir la clase de ser humano que sos, en tus propias palabras, que hablan por sí solas:

"a mí me encanta la aventura, y a pesar de que no reme siento que puse un granito de arena para que ellos concreten su sueño. Es lindo luchar por nuestros propios sueños,
 pero es muy bueno poder hacer alguito por los sueños de los demás también,
me da la misma o más felicidad, por lo menos a mí me pasa eso,  y eso me hace súper súper feliz, porque compartí aunque sea el último instante de esta aventura, con mucha adrenalina y emoción,  así que nada que agradecer, es al contrario!, yo agradezco que ellos hayan confiado en mí...(Diana)

El cruce en semirrígido fue tranquilo, pero el motor parecía pinchado, así que llegamos después de casi 50 minutos a la Alcaldía de Puerto Navarino.


Desembarcamos en el lugar y fuimos atendidos amablemente por la gente del lugar, tomaron nuestros papeles y lo llevaron en vehículo hasta Puerto Williams, a más o menos 60 kilómetros de distancia.
Como a las 16:00 estaba todo en orden para volver, pero el temporal ya se había desatado y había puerto cerrado en Ushuaia, debíamos esperar hasta última hora con la esperanza de que amaine el viento.

El clima nunca mejoró, por lo que tuvimos que pasar la noche en la Alcaldía y salir ni bien asomara la luz del día, con destino final Ushuaia, ya que por cuestiones de seguridad no era posible que nos lleven hasta el lugar donde estaban nuestros kayaks.

Llegar a Ushuaia arriba de un semirrígido me dejaba un sabor amargo. Nunca me imaginé terminar mi travesía sin mi kayak, pero esto automáticamente se revertió cuando las vi a ellas. Mis amores me fueron a buscar y al verlas me di cuenta de que ya nada importaba, estábamos de vuelta juntos y era aquí donde mi viaje finalizaba.

25 kilómetros separaban el campamento de Ushuaia, no le encontraba el sentido de volver en kayak, cuando había vuelto de todas formas a Ushuaia. Cuestiones migratorias cambiaron todos los planes y sobre esto poco podía hacer, tampoco empañó en nada todo lo vivido, cumplí con mi deseo y el viaje ya estaba cerrado.

Siempre pensé que el objetivo era algo fuera de uno, por más que uno lo fijaba.  El ego alguna vez me dejó ver que las cosas no son enteras o plenas si un objetivo no ha sido cumplido. Como si cada cosa que uno encara tiene vida por sí sola, y escapa a nuestro control.

Al llegar, mi espíritu me habló y pude escucharlo sin ego de por medio. Lo que yo había ido a buscar lo encontré. Me sentí lleno. Sentí plenitud. Sentí que había concretado. Sentí que había llegado. No pasa por los kilómetros. No pasa por lo que los otros ven o lo que deseamos mostrar. Pasa por saber si lo que querías conocer, lo encontraste. Y yo lo encontré. Y se va a quedar conmigo por siempre.


Al otro día iríamos en busca de los kayaks, Fernando y Javier llegarían remando por el amor a su institución ECODEPORTES, donde se habían prometido terminar el viaje. Yo ya estaba en casa disfrutando la familia, y recibiendo a Justine y Barry que llegaron el mismo día, desde la otra costa de la Tierra del Fuego.


AGRADECIMIENTO

Este espacio lo quiero reservar para el eterno agradecimiento a Sebastián Cortizo, Javier Siede y Fernando Encinas. Gracias a ustedes pude cumplir con mi viaje, que era un sueño eternamente anhelado como kayakista de travesía. Estuve acompañado 18 días por los mejores kayakistas que uno puede tener en un viaje de esta magnitud, y por gente de una gran calidad humana, que se brindó en equipo de una manera formidable.
Sentí que nos cuidamos mucho y supimos aguantar temporales en distintas situaciones, sin ustedes este viaje no hubiese sido lo maravilloso que fue.
Espero que cada uno haya encontrado lo que fue a buscar por sí mismo, el kayak alguna vez nos juntó por ahí y esto permitió hacernos amigos.

Luego, un muy buen equipo, que iría tras los  PASOS DEL BEAGLE !





FINAL
Marcelo Rosado





5 comentarios:

  1. IMPRESIONANTE AMIGO!!!!

    Javier siede

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  2. Felicitaciones, gracias por compartirlo y por la emoción de "casi" haber estado allí.
    Adalberto

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    1. Muchas gracias Adalberto por haber viajado junto a nosotros

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  3. Los felicito a los cuatro por el hermoso viaje que hicieron, espero un dia poder hacerlo tambien. Excelente relato... Luis.

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    1. Muchas Gracias Luis, espero que ese dia nos haga participar de tu experiencia y asi conocer tu lugar desde el kayak

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